Los crímenes de lesa humanidad no se festejan

12 de octubre: Día de la Resistencia

Si no lo quieren por ley será por aclamación

¿Qué se podría enaltecer o celebrar en un Día de la Raza; si se deja todo como hasta ahora; que no fuera condenable del punto de vista de la salvaguarda de los derechos humanos?

Algunos países lo han definido como Día de Duelo y ya casi todos, al menos de los territorios que sufrieron la asesina invasión colonialista del siglo quince en adelante, cambiaron hace rato esa denominación vergonzante, recuerdo del 12 de octubre de 1492.

Increíblemente, Uruguay no.

Y no es porque no hayamos hecho aportes al respecto. Desde la década de los noventa las organizaciones afrodescendientes y originarias uruguayas, reivindicamos el once de octubre como el “último día de libertad”, proclamando “doce de octubre, tambores nunca más” dedicando respetuoso silencio en memoria del sufrimiento por la masacre de las poblaciones nativas.

Afros e indígenas víctimas ancestrales del dolor del sometimiento y esclavización de consecuencias políticas actuales nos hemos unido en defensa de los derechos de pueblos pacíficos sojuzgados con propósitos de saqueo y exterminio por los reinados europeos de la época con españoles y portugueses a la cabeza, respaldados por banqueros y católicos cómplices, pues que de dinero y poder se trataba todo eso y no de otra cosa.

Y claro que brindamos alternativas por el cambio de nombre al día de la raza en Uruguay.

Hace rato que vamos al Parlamento a llevar ideas plasmadas incluso en un proyecto de ley que abrió el debate en comisiones en el 2010 y que en esos mismos ámbitos feneció luego de dos legislaturas, porque no hubo voluntad política de llevar el tema al Plenario Legislativo para que se instalara de la mejor manera y oficialmente en la opinión pública.

Era un pequeño paso adelante tendiente a dar la discusión, pues es necesario que la gente se involucre en un diálogo que importa a la sociedad uruguaya en su conjunto y cada quién tendrá algo para decir llegado el caso. Y bien sean recibidos los aportes.

Son reparaciones simbólicas importantes para ampliar la democracia uruguaya en contemplación de sectores históricamente oprimidos, porque realzan valores de identidad, acciones que nunca saldarán la deuda histórica impagable dadas las desventajas sociales, políticas y económicas legendarias que impiden el libre goce de la ciudadanía de estas poblaciones, en un mundo que sin embargo tiende a recuperar el equilibrio.

Tendrá la última palabra la síntesis republicana y participativa, que pondrá fin a las imposiciones que dieron lugar a ese nombre nefasto que preconiza la jerarquización de las culturas donde priman unas sobre otras y las desfavorecidas por el sistema estructural excluyente tienen la misión consuetudinaria de imitar y obedecer, así como las otras, el orden naturalizado de liderar.

En la calle hace rato que flota la pregunta de por qué todavía nuestro país se “resiste”, valga el término, a cambiar ese nombre fascista y racista de “día de la raza”, en una actitud que sólo se interpreta como obsecuente y de beneplácito a tradiciones monárquico-imperialistas de pensamiento único, cuya razón inmediata es ser sustento de privilegios.

Que quede claro que no son actitudes inocentes ni asépticas.

Ya pasaron casi treinta años y muchos gobiernos para ser solo despreocupación ante la denuncia social. Han primado perfiles políticos negacionistas y excluyentes de quienes pueden hacer algo y no lo hacen para cambiar institucionalmente un nombre “patrio” que sustenta supremacías raciales.

Dicha actitud no aporta señales de revisión de los acontecimientos y de profundizar en la descolonización ideológica, ya que la dependencia económica es muy difícil sacársela de encima porque dejaron todo organizado para perpetuarse en el ejercicio del poder en todo sentido, con un racismo institucional instalado.

Claro que primero nos robaron todo, hasta las identidades.

Yo por ejemplo no sé la procedencia de mi familia original africana porque mis antepasados fueron arrancados de sus orígenes etnogeográficos con la diáspora esclavista, y en la trata transatlántica al llegar a destino, luego de comercializados, les ponían como marca los apellidos de sus “dueños”. Y eso es sólo un aspecto, claro que gravísimo, del etnocidio o devastación cultural.

Con el robo de las tierras, las riquezas minerales y la fortuna acumulada merced a la mano de obra esclavizada sin pago forjaron las fortunas que les entronizaron para siempre como titiriteros del mundo capitalista, luego nos exigieron impuestos por ser sus vasallos -a algunos países hasta les cobraron la “libertad” en dinero- ¡cuánta desvergüenza!, y crearon organismos internacionales en los que firman cosas que luego no cumplen en lo local, porque les reditúa más aunque queden con el discurso vacío. Y aunque cumplan esas declaraciones para más o menos tranquilizar sus conciencias, ya no hay papeles firmados que alcancen para equiparar las desigualdades. Además inventaron la limosna en forma de cooperación para ayudar a paliar la desigualdad devenida de la explotación que crearon ellos, ayudas que algunas veces hasta les permiten descontar impuestos. Muy triste.

La colonización trajo consigo una inmensa tragedia que hay que empezar a recordar y a relatar en sus verdaderas dimensiones como consecuencia política del injusto mundo actual sobre todo para esta parte del planeta. La educación formal o informal juega un papel fundamental en estos temas.

Lo cierto es que 12 de octubre es la fecha en que se dio inicio al genocidio más grande de la historia de la humanidad incluidas las poblaciones africanas durante la trata esclavista derivada de dichas sanguinarias “conquistas” imperialistas europeas en las llamadas Américas.

Es un crimen de lesa humanidad horroroso que aún puede ser juzgado porque no prescribe de acuerdo al derecho penal internacional.

Más de cien millones de personas entre indígenas y africanos fueron exterminados, se provocó la desaparición de civilizaciones milenarias, el saqueo de sus riquezas y la destrucción de sus culturas. Catástrofe demográfica de dimensiones inéditas ni antes ni después vistas con estas características de masacre masificada.

Vemos con cierta alarma que el Ejecutivo multicolor actual propone exaltar esa fecha por medio de un proyecto de ley que está en el Parlamento donde dice que no se corra ese feriado entre otros porque tiene un valor universal que hay que destacar. ¿Qué hay que destacar?

¿Acaso tiene mérito el genocida día de la raza que es como tener un día de las violaciones, los asesinatos y el intento de exterminio humano? ¿A qué se refieren? Ya con el “boicot” presidencial a los veinte años de la Conferencia de Durban contra el Racismo y las Discriminaciones teníamos bastante… ¿¡Todavía más!?

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