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INFORME ESPECIAL

A 50 años de la Libertadores 1971, la Copa más querida del glorioso Nacional

El 9 de junio se cumple medio siglo de la conquista deportiva que está entre las tres más importante en la historia del Club Nacional de Football.

De los 22 títulos internacionales oficiales que ha ganado Nacional, y de los 161 torneos en total que cuenta en su palmarés, el de la Copa Libertadores de América de 1971 ha de ser el más importante de todos.

Es que ganar esa Copa se había transformado en una obsesión para los tricolores. Era una cuenta pendiente que en el ‘71 ya no admitía más postergaciones, porque el equipo había llegado a las finales en 1964, 1967 y 1969 pero las había perdido.

Por eso, aquella Libertadores ganada ante Estudiantes el 9 de junio de 1971, marcó un antes y un después en la vida de Nacional.

Este 9 de junio se cumplen 50 años de aquella gesta que evocaremos en estas páginas.

La Copa Libertadores era una obsesión

Desde hacía unos cuántos años que Nacional venía intentando ganarla, pero sistemáticamente el título se negaba. En 1964 se reforzó con el argentino José Sanfilippo, quien llevaba 17 goles en 16 partidos cuando en un amistoso ante Vasco da Gama sufrió una fractura que lo dejaría fuera de la definición de la Libertadores. En las finales contra Independiente hubo empate 0-0 en el Centenario, quedando en las memorias el arbitraje del holandés Leo Horn que anuló un gol legítimo a los tricolores. Luego, en Avellaneda se impuso 1-0 el local. Sería esta la primera gran frustración de Nacional en la Copa.

Para 1967 se vendría un nuevo intento. Nacional llegó a semifinales donde disputó un triangular ante Peñarol y Cruzeiro. El último juego era entre los dos uruguayos y allí se definía el pasaje a la final. Empatando o ganando clasificaba Nacional, en cambio Peñarol necesitaba un triunfo para forzar un desempate. Ese parecía ser el destino pues ganaba el aurinegro 2-1 cuando en el último minuto cayó el empate tricolor con cabezazo del brasileño Celio y el que pasó a las finales fue Nacional.

La definición fue ante Racing, 0-0 en Avellaneda y 0-0 en el Centenario, ganando los argentinos 2-1 en Santiago.

Restuccia, de la Olímpica a la presidencia

Eduardo Pons Etcheverry, presidente desde 1962, decide no postularse para 1968, en una elección que catapultaría a la presidencia a un hombre “de la tribuna Olímpica” como él mismo se definía: Miguel Ángel Restuccia. Sin ninguna experiencia previa como dirigente, Restuccia obtiene 2.884 votos y supera a la lista oficialista encabezada por Enrique Gomensoro que tuvo 1.884. 

Nacional iniciaría aquí un nuevo estilo de conducción, más enérgico y combativo, condiciones casi que imprescindibles en esas épocas de reiteradas derrotas en los ámbitos políticos. Comenzaba una nueva era, con un Nacional ahora batallador en la AUF y en la Confederación Sudamericana, territorios por los que se paseaba triunfante la dirigencia aurinegra. A partir de 1968 comenzarían a registrarse varios enfrentamientos políticos entre los dos grandes, con dos titanes como Restuccia y Cataldi liderando cada bando.

Asimismo, Restuccia se convertirá en el presidente tricolor con más años consecutivos en ese cargo, doce en total, desde 1968 hasta 1979.

Para 1969 la directiva lanza “La Gran Jugada”, una rifa con grandes premios, que permitía al hincha colaborar para que el club pudiera concretar incorporaciones de trascendencia.

Así llegaron jugadores consagrados que terminarían de armar un equipo para ir en busca de la Copa: Luis Cubilla y Luis Artime.

Al igual que Manga, el de Artime fue un refuerzo que conmocionó el ambiente ya que había sido mundialista en 1966 y goleador de la Copa América 1967. Estando en Palmeiras fue cuando Nacional inició las gestiones secretas para incorporarlo. Al ser presentado en la sede, estaba también Luis Cubilla, quien dijo a Restuccia: “Lo felicito, presidente. Nos aseguramos el título y 50 goles al año”. Tenía porqué saberlo. Habían coincidido en el fútbol argentino aunque sin jugar juntos.

Luis Cubilla fue el otro refuerzo de lujo. había sido campeón de dos Libertadores y una Intercontinental en Peñarol. Además, había jugado en el Barcelona de España y River argentino.

Ahora sí, con un plantel que contaba con figuras de primer nivel en los puestos claves, Nacional estaba preparado y listo para ser el rey de América. 

En la Libertadores de 1969 se cruzó con Peñarol en semifinales. Ganó 2-0, perdió 1-0 y fueron a un desempate que concluyó 0-0 con alargue incluido, resultado que clasificaba a Nacional por mejor diferencia de goles.

Otra vez dejaba a su eterno rival fuera de la Copa, como lo había hecho en 1967, pero le faltaba ser campeón.

Las finales fueron contra Estudiantes, que iniciaría un ciclo de neto dominio continental. El equipo de Zubeldía se impuso 1-0 al visitar el Centenario y 2-0 en La Plata.

Nacional cargaba sobre su espalda con tres finales perdidas y ya se hablaba de “la maldición” que fustigaba a los tricolores en cada intento por ganar la Copa.

Plantel había, jugadores sobraban.

Solo era cuestión de tiempo. 

La base del Nacional campeón del ’71 ya la hallamos en el equipo que dirigido por Zezé Moreira perdió estas finales de 1969. En los tres clásicos de semifinales y en las finales ante Estudiantes marcaron presencia Manga, Ancheta, Ubiña, Mujica, Montero Castillo, Cubilla, Prieto, Morales, Maneiro y Espárrago. 

Llegó el Pulpa y mandó a parar

En la Libertadores de 1970, dirigido por Enrique Fernández Nacional es eliminado en 2ª fase por la U. de Chile, partidos en los que jugaron Manga, Blanco, Prieto, Artime y Morales junto a varios suplentes, ya que el resto de los titulares (Ancheta, Ubiña, Mujica, Montero Castillo, Cubilla, Espárrago, Maneiro y Bareño) estaban afectados a la selección que se preparaba para el Mundial de México.

Precisamente en México estaba Washington Etchamendi, observando y sacando apuntes sobre las tácticas que presentaban las selecciones, cuando recibió el llamado de Restuccia para ofrecerle dirigir a Nacional.

Era un personaje fantástico, un “técnico de boliche” como se diría en estos tiempos. 

El Pulpa les decía a sus jugadores antes de los clásicos: “Ya saben. A estos hay que ganarles y, si pueden, con un gol de penal en los descuentos… ¡así se van bien calientes!”.

Triunfo clásico de atrás, en la hora y decisivo

El grupo de 1ª fase que le tocó a Nacional en la Copa de 1971 tenía como rivales a Peñarol, Chaco Petrolero y The Strongest. Dado que solo el 1° de la serie clasificaba a semifinales, los resultados de ambos clásicos serían determinantes.

La Copa abría fuego con el clásico. Ganaba 1-0 Peñarol y quedaban cuatro minutos hasta que apareció Artime, primero convirtiendo el empate y en el minuto 90 provocando un penal. Mujica acomodó la pelota y el árbitro avisó “El partido está terminado… no hay rebote”. 

“Yo me quedaba muchas horas después de cada entrenamiento practicando penales” rememoró Mujica. “He escuchado que hay quien dice que Mujica nunca erró penales. No es así, erré penales, pero nunca en partidos decisivos”.

Y en este clásico decisivo no lo erró. Con ese agónico y celebrado gol, Nacional ganó 2-1 y sacó una ventaja en la tabla que terminaría resultando decisiva.

Asimismo, en este partido se iniciaría la racha invicta más extensa en la historia de los clásicos: entre este 2 de marzo de 1971 y el 31 de enero de 1974, Nacional completaría 16 duelos sin derrotas ante Peñarol.

El 30 de marzo volvían a enfrentarse tricolores y aurinegros, ya en el último partido del grupo. Nacional, dos puntos arriba, pasaba a semifinales ganando o empatando. 

Un gol del Cacho Blanco y otro de Maneiro sentenciaron la clasificación. Al igual que en 1967 y 69, otra vez Nacional dejaba fuera de la Copa a Peñarol, pero ya nadie se conformaba con eso. Había que ganar la Libertadores para que esas victorias clásicas adquirieran otro valor.

Bravas semifinales

En la serie de semifinales Nacional tenía como adversarios a Palmeiras y Universitario. En Lima se presentó ante un Universitario que contaba con seis integrantes de la selección peruana que un año atrás había realizado formidable campaña en el Mundial de México, donde quedó en cuartos de final ante el Brasil de Pelé, a la postre campeón. 

Nacional también ponía en cancha una pléyade de mundialistas: Ancheta, Mujica, Espárrago, Montero Castillo, Cubilla, Maneiro y Bareño (de los que estuvieron en México ’70 solo faltaban Morales, el lesionado Ubiña y el arquero Santos), por lo que el Universitario-Nacional era casi que un choque entre las selecciones de Perú y Uruguay, dos de las grandes animadoras de la Copa del Mundo de 1970, eliminadas ambas por Brasil.

Con un empate 0-0, Universitario quedaba relegado y Nacional un punto debajo de Palmeiras.

Nacional visita a Palmeiras a sabiendas que una derrota significaría prácticamente la eliminación, pues los paulistas treparían a 4 puntos y de vencer luego a Universitario llegarían a 6, cifra inalcanzable para los albos.

Palmeiras presentaba a los mundialistas Leao y Baldocchi (suplentes en México ’70) y al goleador compatriota Lito Silva.

Un empate era buen negocio, pero Nacional se despachó con una goleada de 3-0, con dos goles de Artime y uno de Bareño. 

Antes que Nacional encarara los dos juegos como local, Palmeiras goleó a Universitario 3-0 y así recuperaba la punta. Pero luego el tricolor volvió a quedar como líder al derrotar a los peruanos, también 3-0 con dos goles de Morales y uno de Artime.

Así se llegó al duelo decisivo. Nacional con 5 puntos y Palmeiras con 4 definían el pasaje a la final.

Con goles de Artime, Morales y Nacho Prieto (César para la visita), Nacional se impuso 3-1.

La hora de la verdad

Nacional estaba por cuarta vez en la final. Era ahora o nunca. Ya no se admitía un nuevo fracaso, por más poderío que ostentara el rival. Y vaya si era poderoso este adversario. Se trataba del tricampeón Estudiantes de La Plata, amo y señor de América que iba por su tetracampeonato. 

Osvaldo Zubeldía había iniciado esta era victoriosa en el equipo “Pincharrata” en 1966, cuando combinó jóvenes de “La tercera que mata”, una camada de juveniles que dirigía Miguel Ignomiriello y alistaba a Juan Ramón Verón, Carlos Pachamé, Eduardo Flores y Oscar Malbernat, entre otros, con talentos de afuera como Carlos Bilardo, Raúl Madero, Juan Echecopar, Ramón Aguirre Suárez y Alberto Poletti. Así logró construir uno de los equipos más ganadores del fútbol argentino. 

Para 1971 ya no estaba Zubeldía sino Miguel Ignomiriello, el que había formado a la mayoría de estos jugadores y que poco después sería contratado por Nacional con el mismo propósito: el de formar juveniles.

Los alfileres y el antifútbol

Aquel Estudiantes no era un tricampeón de América elogiado por su buen fútbol, aunque poseía jugadores de notable calidad. 

Pero más allá de jugar lindo o feo, tenía mala fama y era acusado no solo de practicar el anti fútbol sino también de jugarle sucio a sus rivales dentro y fuera de la cancha. Pinchar con alfileres a los jugadores adversarios era una de las artimañas más comentadas sobre aquel equipo. 

No es novedad que muchos de los partidos de las Libertadores en los años sesenta y setenta eran verdaderas batallas en las que el equipo locatario gozaba de impunidad total. Si a ese hecho, que era costumbre en todo el continente, le sumamos que en este caso el locatario era más famoso por sus actitudes anti deportivas que por otra cosa, no será sorpresa alguna que en la primera final de la Copa de 1971 en La Plata, el visitante (Nacional en este caso) haya sufrido varias hostilidades. 

“Uhhh… ¡eran terribles… esos sí que eran bravos!” recuerda Cacho Blanco y afirma que de todos los partidos que jugó por Copa Libertadores “el más complicado fue la primera final con Estudiantes en el ‘71. Era un complot a todo nivel, desde la gente que estaba en la puerta, la policía, todo. Era salado el tema. Aquellos eran partidos durísimos. Eran peleas de verdad, los jueces toleraban muchas más cosas, pasaba de todo en la cancha”. 

En “El Bosque” de La Plata, Etchamendi armó un esquema jugado al empate. Hasta que a los 16’ del segundo tiempo Romeo anticipó en el área para cabecear y convertir el gol del triunfo. 

El 2 de junio en el Centenario, Estudiantes pisaba el césped buscando extender su reinado. Un empate le bastaba para obtener su cuarta Libertadores consecutiva y sus antecedentes como visitante avalaban ese anhelo. En sus 9 salidas entre 1968 y 71 había logrado 6 victorias, un empate y 2 derrotas. 

Pero Nacional en el Centenario ante extranjeros mostraba una estadística avasallante: de 35 partidos había ganado 30, empatado 4, sufriendo solo una derrota. Pero esa derrota había sido justamente contra Estudiantes, en la primera final de 1969.

Tras 42 minutos de fútbol áspero, Cubilla lanzó un córner y Masnik se elevó más alto que su marcador, metiendo potente frentazo que superó el esfuerzo del arquero Leone y el desesperado y último intento de Malbernat que al mejor estilo Luis Suárez contra Ghana voló para atajar la pelota y lo hizo, pero cuando la redonda ya había entrado al arco.

Nacional conseguía agua en el desierto. Con ese gol de ventaja encararía el resto del partido sin arriesgar.

Así, Nacional conseguía extender la definición por el título a un tercer encuentro a disputarse una semana más tarde en Lima.

“El miércoles te agarro en Perú y vas a ver quién es el re pesado”

Las finales del ’71 se caracterizaron por los diálogos y amenazas que se dedicaban mutuamente los hombres de ambos bandos. Es que Nacional también tenía algunos malevos, como el Mudo Montero Castillo.

En Crónicas (7 de noviembre de 2005) recordó aquellas batallas y contó jugosas intimidades que no hacen más que confirmar que, para ganar una Libertadores en esa época, no solo había que jugar mejor que el rival: “Ellos metían como locos. Largabas las manos, iban a las manos; querías patadas, patadas te daban. Yo tuve un lío grande con Pachamé. En el año 69, cuando perdimos la final con Estudiantes, que nos ganó allá y acá, me fui a pelear allá con todos. Después Bilardo se lo dijo a Paolo (Montero): ‘Tu viejo perdió y quería largar con todo el mundo, estaba loco’. En el 71, cuando perdimos la primera final le dije a Pachamé: ‘Si vos sos tan pesado, vamos a ver si me aguantás en Montevideo’. ‘Te voy a romper todo’, me dice. ‘¡Qué vas a romper!’ ¿Sabés lo que fue ese partido? Ganamos uno a cero, gol de Masnik. ¿Sabés cómo le di? Lo iba a buscar a él. Cuando terminó el partido le dije: ‘El miércoles te agarro en Perú, ahí vas a ver quién es el re pesado. En Perú lo maté, le gané a todo. Faltaban quince minutos, íbamos ganando dos a cero y Aguirre Suárez me dice: ‘Negro, ya nos pegaste a todos, aguantá’”. 

El chileno Rafael Hormazábal fue el encargado de dirigir el partido desempate por el título de la Copa Libertadores de 1971, disputado el miércoles 9 de junio en el Estadio Nacional de Lima ante 45.000 personas.

Nacional presentó la misma oncena que en el encuentro anterior: Manga; Ancheta y Masnik; Ubiña, Montero Castillo y Blanco; Cubilla, Maneiro, Espárrago, Artime y Morales.

No tardó demasiado el tricolor en alcanzar la ventaja. A los 21 minutos Morales mandó una pelota al área y el palo devolvió el remate de Artime, pero en la prosecución de la jugada apareció Espárrago para convertir.

A los 27’ del segundo tiempo Cubilla picó por la izquierda y culminó una gran maniobra individual metiendo la pelota al medio para el cabezazo de Artime.

“Lo felicito, presidente. Nos aseguramos el título y 50 goles al año” le había dicho Cubilla a Restuccia cuando Nacional contrató a Artime en 1969. Dos años después, Cubilla mandaba el centro y Artime confirmaba el vaticinio de su compañero al asegurar el título de Nacional.

La profecía de Restuccia

En 1968, tras una polémica derrota ante el Guaraní en Asunción, Nacional había solicitado a la Confederación la anulación del partido y amenazó con abstenerse de futuras participaciones en la Copa (si no prosperaba el reclamo) al considerar que la competencia carecía de “las más mínimas garantías deportivas”. En aquel momento, el presidente Miguel Restuccia había lanzado proféticas palabras: “Algún día estas autoridades, que hoy le niegan el derecho a mi institución, le tendrán que entregar en este mismo estadio Nacional de Lima (ciudad sede de la Confederación), la Copa Libertadores de América”.

¡Ni Nostradamus hubiera sido capaz de tan perfecta profecía!

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