Proceso de elaboración, mercado uruguayo, pandemia y futuro

Cervecerías artesanales: un sector diferente de esta industria

La Asociación de Microcervecerías Artesanales del Uruguay (AMAU) quiere separarse de las cervezas que son producidas por la multinacional AB InBev, ya que son un sector diferente, no solo por el producto en sí, sino por la forma de producir y la mano de obra que genera.

La Asociación de Microcervecerías Artesanales del Uruguay (AMAU) se formó en el año 2015 con la necesidad de unir a personas de distintos departamentos, que trabajan en este sector de forma solitaria. Se firmó el primer estatuto y desde ahí funciona con personería jurídica, formada por 38 empresas de 12 departamentos, lo que la hace ser muy representativa.

“La cerveza artesanal tiene una línea de proceso que siempre busca hacerla de la forma más natural y sana posible en cada etapa. La industria se ha dedicado, hace muchos años, a acelerar al máximo todas esas etapas”, manifestó a LA REPÚBLICA, el socio y expresidente de AMEU, Rodrigo Ríos.

“Lo artesanal intenta volver a lo más natural. La cerveza está compuesta por levadura, agua, lúpulo y cebada, sin el uso de estabilizante ni conservantes. Se le intenta dar la mayor calidad posible. Se buscan los ingredientes más nobles para hacer la cerveza. Lo mismo pasa con el lúpulo que se intenta tener el más fresco y el mejor. Es igual que en la cocina”, añadió. 

Con respecto a los tipos de cerveza artesanal, expresó que son muchos, pero en Uruguay las que más se consumen son las lupuladas y las IPA como las reinas del mercado. Después hay algunas variantes como pueden ser la APA, NEIPA y doble IPA, pero siempre entorno al lúpulo. También hay una cerveza que se sirve mucho que es la rubia clásica.

“El sector creció muy bien en el 2018 y 2019. Veníamos en un momento muy bueno que se cortó abruptamente por la pandemia del Covid-19. Nos afectó muchísimo porque la cerveza artesanal encontró su nicho en los bares, donde el 80 o 85 por ciento de la cerveza que se vende es artesanal. Llegamos a ellos ya que la gente la pedía, por lo tanto, los bares la tenían que tener en su oferta de bebidas”, apuntó.

Al mismo tiempo, explicó que esos lugares “de un día para el otro cerraron y no se pudo vender más. Después hubo chispazos, como, por ejemplo, cuando se extendió el horario de cierre hasta las 2 de la mañana, ahí levantamos, pero después se fue para atrás de nuevo. Realmente se ha hecho muy cuesta arriba y sin duda que es un decrecimiento muy grande en este último año, año y medio”, comentó.

No se quedaron atrás y aportaron su granito de arena cuando empezó la emergencia sanitaria con su Growler Solidario, que consistía en comprar un Growler con dos litros de la cerveza local favorita y ese dinero se donaba para hacer una canasta de primera necesidad de Canastasuy. Otros productores hicieron una línea de alcohol en gel para donar.

Al hablar de la competencia con las cervezas que se fabrican en las industrias, Ríos fue claro al decir que los artesanales no están en disputa con ellas, debido a que son dos productos totalmente distintos. “Así como por un lado está el vino, por otro está la cerveza industrial, y queremos que por otro está la artesanal como tal”, señaló.

“Es un sector que no tiene nada que ver con la cerveza tradicional, no solo en el producto, sino que va más allá de eso, abarca la forma de producir y la cantidad de mano de obra que genera una y la otra que es la multinacional más grande del mundo (Ab InBev). No es solo lo que vos ves en el vaso, sino cómo se compran los insumos, las escalas, son dos cosas absolutamente distintas”, puntualizó.

Desde la multinacional se ve al sector de cervezas artesanales como un competidor, según la visión de los microempresarios, e intentan “sacarlos” del mercado, ya que “abusan del monopolio muy grande que tienen». “Nosotros entramos un día a un mercado y al otro día nos sacan. Nos dicen sácame esto de acá que te doy tanto. Esa es una moneda corriente de todo cervecero artesanal”, fundamentó.

Los objetivos que se propuso AMAU para este año son lograr que el Estado los reconozca como sector y tengan un reconocimiento como en su momento lo tuvo el vino. “Eso se puede dar si se entiende que la cerveza artesanal tiene un potencial grandísimo para generar 10 veces más mano de obra que la industrial. Está desparramado por todo el interior del país y en la capital y son empresas familiares chicas que reparten mucho la ganancia”, finalizó. 

Un dato a destacar es que todo se hace en Uruguay. Las etiquetas se fabrican acá, así como también los insumos. Brinda mucha mano de obra, sobre todo en los departamentos del interior porque se hace todo dentro de la localidad, como pueden ser las campañas de publicidad, además de apoyar a programas de radio locales.

LA CLAVE:

“Es algo que recién comienza pero que tiene una madurez muy buena ya que se trabaja de forma seria y bien. Lo que necesitamos es ayuda para tener una estructura buena y firme para que no pare, que es el objetivo de la multinacional. Si no se nos ayuda, se nos hace sumamente difícil pasar este momento”.

Rodrigo Ríos – Socio y ex presidente de AMAU

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