Cuidar de nuestros hábitos mejora la salud

Cómo mejorar nuestras defensas y enfermarnos menos

Partimos de la base de que nuestro sistema inmune no funciona de igual forma en todas las personas ya que existen factores individuales que no pueden ser modificados. Hay hábitos y costumbres que pueden marcar diferencias en nuestra salud, como lo son el ejercicio, la alimentación y el descanso.

Foto: Cuidate Plus

El entramado constituido por las defensas frente a los virus, bacterias y otros peligros externos e internos es conocido como el sistema inmune. Conocerlo a fondo nos ha posibilitado el desarrollo de vacunas y tratamientos, así como también conocer qué es bueno y qué no lo es para nuestro cuerpo.

Los protagonistas del sistema inmune son unas células llamadas linfocitos T y B que están localizadas en la sangre y en los tejidos linfáticos. Los primeros se encargan de diversas funciones como ayudar a otras células inmunitarias, matar células infectadas o tumorales, mientras que los linfocitos B se transforman con el fin de producir anticuerpos. Algunos anticuerpos destruyen las sustancias que reconocen como extrañas de manera directa y otras ayudan en el proceso de eliminación de las mismas.

La pandemia del Coronavirus / Covid-19 evidencia las diferentes formas en las que los individuos respondemos a una determinada afección. Muchos factores influyen en esto, como por ejemplo la edad. Claramente los bebés son más susceptibles a enfermarse ya que su sistema inmunitario está en proceso de maduración, según consiga Cuidate Plus.

Los adultos mayores suelen ser más vulnerables debido a que cuando se envejece, nuestro sistema inmune también lo hace. Otro de los factores condicionantes es el sexo biológico, debido a que las hormonas femeninas (estrógenos) alientan una mayor producción de anticuerpos, por lo que biológicamente la mujer tiene mejor respuesta a las enfermedades infecciosas.

Como hemos visto, hay factores invariables como lo son el sexo o la genética, pero de todas formas hay varias cosas que podemos hacer para nutrir nuestra salud y mejorar nuestro sistema inmune.

Trabajar en nuestra alimentación es clave para notar una mejoría. El consumo de hierro es necesario para la producción de linfocitos en la médula ósea y podemos encontrarlo en alimentos como la carne, hígado, espinacas y lentejas. El selenio, que participa en el funcionamiento normal de la glándula tiroides pero también el sistema inmune puede obtenerse al comer carnes rojas, mariscos, pescados grasos y cereales integrales.

A su vez, existe otro mineral importante llamado zinc, que es obtenido a través de almejas, carnes rojas, queso, y avena, que es de suma importancia para el sistema inmune, ya que cuando nos encontramos en falta de éste estamos propensos a padecer frecuentes infecciones y dermatitis.

Para mejorar el funcionamiento del sistema inmunológico es importante una dieta rica en vitaminas. Por ejemplo, la vitamina A se obtiene a través de los huevos, vegetales de hoja verde y grasa animal, mientras que otra vitamina importante es la B12 se obtiene únicamente de la carne o de suplementos. 

Es igual de importante la vitamina B2, que está presente en los frutos secos, aceites vegetales y semillas, además de la A que se encuentra en la carne, vísceras, germen de trigo, y almendras y finalmente la vitamina C en el pimiento rojo, kiwi, perejil, limón y naranja.

Existen otros hábitos en los cuales podemos trabajar para incrementar las capacidades de nuestro sistema inmune. Por ejemplo, un descanso óptimo puede beneficiarnos debido a que cuando dormimos, liberamos una hormona denominada melatonina que no solo es crucial para gestionar nuestro ritmo cardíaco sino que también es importante para el timo, que es el órgano en el que los linfocitos T crecen y se multiplican.

La práctica de ejercicio moderado y evitar el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas será crucial para mejorar nuestras defensas.

MÁS DATOS:
Uno de los mayores enemigos en este proceso de buscar la mejoría del estrés, debido a que éste induce la liberación de la hormona cortisol siendo ésta capaz de deprimir al sistema inmune.

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