En tres situaciones puntales de la vida de la mujer

Con qué frecuencia se debe ir al ginecólogo

Hay muchas mujeres sanas que van al ginecólogo por control. Esto es algo que algunos médicos ven como bueno y otros como poco necesario. En lo que sí coinciden es que se aconseja la consulta en la adolescencia, el embarazo y la menopausia.

En muchos lugares del mundo se han suprimido las consultas ginecológicas que periódicamente hacían las mujeres sanas, más allá de las citas que se gestionan en atención primaria y el cribado del cáncer de mama.

El recurso que tienen las mujeres que prefieren ser examinadas y aconsejadas por un ginecólogo es acudir a un profesional del ámbito privado. El problema es que muchas no pueden hacerlo porque su situación económica no se lo permite.

¿Es necesaria esa revisión ginecológica en la mujer sana cada uno o dos años? La respuesta no es sencilla porque no hay unanimidad entre los especialistas y las opiniones son opuestas. Hay expertos que dicen claramente que sí y otros que no, ya que estiman que es suficiente con el control desde la atención primaria.

“Es verdad que es objeto de debate”, reconoció a CuidatePlus Jesús de la Fuente Valero, jefe de Sección de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid-Vallecas. Pese a todo, no elude una contestación: “No es necesario ir más allá de lo que está establecido. Otra cosa es que exista una predisposición familiar a un cáncer, en ese caso, hay que hacer revisiones con cierta periodicidad”.

TRES SITUACIONES QUE ACONSEJAN CONSULTA

Hay tres situaciones en las que sí aconseja una consulta, pero cree que se pueden asumir en atención primaria. Admite, no obstante, que es un tipo de atención que todavía no se ha generalizado en el primer nivel asistencial.

Esas consultas aconsejadas son en la adolescencia, el embarazo y la menopausia. En la primera etapa es conveniente que la joven reciba educación sanitaria y sexual, así como soluciones a problemas con la menstruación, frecuentes durante los primeros años. Cuando una mujer está embarazada sirve para identificar y modificar factores que puedan poner en riesgo el embarazo y optimizar sus condiciones.

A partir de los 40 años, y después de un año sin menstruación, la consulta se hace para recibir asesoramiento y formación sanitaria con el objeto de prevenir algunos problemas que pueden aparecer, como sofocos, alteraciones de la sexualidad o la sequedad vaginal, y chequear que se hace los cribados de cáncer de mama y útero.

“Es una consulta fuera de lo patológico que se puede hacer en atención primaria, pero es cierto que muchas veces no se facilita desde el sistema público”, reflexionó De la Fuente, quien avisó que un exceso de visitas y pruebas tiene el riesgo de que se produzca un sobrediagnóstico y un sobretratamiento.

Una posición muy parecida defiende Lorenzo Armenteros, responsable del Grupo de Trabajo de Salud de la Mujer de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) es que “desde el punto de vista de la evidencia y de la labor de cribado que tiene, no es necesaria una revisión periódica por el ginecólogo de la mujer sana”. 

MÁS DATOS:
Hay que dotar a la atención primera de las herramientas necesarias para hacer una labor preventiva y cada vez más trabajar en el climaterio, la anticoncepción e incluso en la violencia de género, lo que propiciará así que la ginecología del sistema público atienda los procesos patológicos lo más rápido posible.

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