El 91% de la violencia ejercida contra niños y adolescentes fue dentro del núcleo familiar

Este viernes se conmemoró el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión.

La proclama del 4 de junio como el Día de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión por la Asamblea General de las Naciones Unidas fue concebida para la protección de los niños en situaciones de guerra y conflictos. De todas formas, es una oportunidad para extender el reconocimiento del padecimiento de todos los niños víctimas de violencia en cualquiera de sus formas; situaciones en las que se viola su derecho a ser protegidos, cuidados y queridos, una responsabilidad que recae sobre los Estados, las familias y cada uno de nosotros, informaron a LA REPÚBLICA desde el MSP.

El adulto, ante un niño expuesto a este tipo de tratos, puede desempeñar una tarea fundamental si no se limita a ser un mero observador. Por un lado, una vez hecho el relato, el niño, por miedo o inseguridad, puede desdecirse luego, lo que no implica que lo que haya contado en una primera instancia no fuera cierto. Por otro, hay que tener en cuenta que muchos niños sometidos a estas situaciones tienen naturalizados este tipo de sucesos, por lo que, en la medida de lo posible, es bueno hacerles saber que no son tratos adecuados.

La violencia ejercida sobre niños y adolescentes tiene consecuencias biológicas, emocionales y repercute a lo largo de su vida en el establecimiento de nuevos vínculos.

Casi 5.000 casos el año pasado

Según los últimos datos estadísticos del Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav), en 2020 se registraron 4.911 situaciones de violencia hacia niños y adolescentes de todo el país, lo que implica un promedio de 13 situaciones por día, y 38% de los niños víctimas de estas situaciones tenían entre 6 y 12 años. De los casos registrados, el 91% era violencia ejercida dentro del núcleo familiar.

La pandemia de Covid-19 trajo muchos cambios en todos los ámbitos de la vida, entre los que se encuentran los cambios de los hábitos familiares. La tensión dada por la inseguridad laboral en algunos casos, el teletrabajo y las tareas educativas en el hogar, han planteado un escenario de sobrecarga en los adultos con el consecuente cansancio y estrés. A su vez, la no concurrencia a los centros educativos ha perjudicado a los niños en sus procesos de socialización, por no encontrarse las instancias de juego compartido con pares, y en su aprendizaje. A su vez, la comunidad educativa es protectora contra la violencia ejercida en niños; los educadores son personas ajenas al hogar que conocen a los niños y están capacitados para detectar cambios que puedan implicar alguna sospecha de maltrato.

Recientes estudios realizados en relación a las implicancias de los cambios en los hábitos de las familias en pandemia, señalan que el 90% de las familias reconocen un aumento de la violencia ejercida hacia los niños, en forma de gritos, violencia emocional, y castigos físicos.

Los derechos de los “más pequeños”

Unicef destaca que “las niñas y los niños tienen derechos; derecho a que se les oiga, derecho a la expresión, derecho a que se les dé una buena educación. Derecho a la vida, derecho a que los quieran, a tener un nombre y a que no los agredan, a tener salud y a crecer en armonía, a tener una familia y vivir con alegría. Derecho a jugar y a estar bien informados, derecho a ser libres y estar alimentados. Las niñas y los niños tienen derecho a no ser maltratados”.

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