El arte de la comunicación

Todos estamos en permanentemente comunicación. A través de un medio o de otro estamos vinculándonos, compartiendo, transmitiendo e intercambiando algún tipo de información o conocimiento. Se trata de una de las necesidades y procesos fundamentales para todos nosotros, seres gregarios por naturaleza. Si bien algunas personas tienen mejores habilidades que otras al momento de comunicar, es importante conocer los elementos que componen este proceso, y qué detalles hacen la diferencia a la hora de transmitir, recibir e interpretar correctamente un mensaje.

De manera muy básica podemos decir que todo proceso de comunicación implica la creación de un mensaje (a través de un código), la elección de un medio a través del cual emitir dicho mensaje, y un receptor, o varios, que serán los destinatarios de dicho mensaje y quienes decodificarán e interpretarán el contenido de la información que recibieron.

Decimos que existe una comunicación exitosa, o que ésta es efectiva, cuando lo que se pretendió comunicar desde la fuente emisora llega y es entendido e interpretado por los receptores según se planteó desde un principio. Lo cierto es que para que se dé esa comunicación exitosa es necesario que todos los factores que intervienen en el proceso de comunicación hayan funcionado correctamente sin interferir, interrumpir o modificar el contenido del mensaje en cuestión.

Afortunadamente cada vez son más los medios y las formas que tenemos para comunicarnos. La era de lo digital ha ampliado la gama de opciones de interacción y vinculación entre las personas, más que nada a través de las redes sociales y de las distintas aplicaciones.

Además de estas opciones virtuales, comunicarnos a través del habla, la escritura, las señas, del cuerpo y a través de la gran cantidad de lenguajes que existen, sigue siendo básico y fundamental.

¿Qué es importante tener en cuenta, tanto para desarrollar mejores habilidades comunicativas, como para mejorar los procesos de la comunicación?

Tomando como ejemplo una comunicación que se da a través del habla, es importante saber escuchar. Sí, aunque parezca obvio gran parte de los participantes de un diálogo rara vez realmente escuchan lo que está proponiendo su interlocutor. Oír no es escuchar. Escuchar es prestar atención, es intentar ir comprendiendo lo que la otra persona está transmitiendo, no solamente a través de su lenguaje verbal, sino también a través de su lenguaje corporal y gestual, sus tonos y sus palabras. Contemplando estos detalles se accederá a más información valiosa que aclarará en gran medida lo que se encuentra expresando el emisor, o sea en este caso, quien está hablando. El respeto es fundamental. En una charla donde no compartimos las ideas o los conceptos con nuestro interlocutor, es fundamental respetarnos y que ambas partes puedan exponer sus ideas siempre bajo un marco de respeto y armonía. Así se logran comprender mucho mejor las diferentes perspectivas y opiniones sobre diversos temas y situaciones.

Por otro lado, y tomando como ejemplos situaciones a través de las cuales un emisor pretende expresar un mensaje a través del lenguaje oral o escrito, es muy importante que el cifrado, la codificación o el armado del mensaje sea claro, preciso y puntual de lo que se quiere expresar. Es básico, desde la parte emisora, saber bien qué es lo que se quiere hacer saber, y desde allí armar el mensaje. Suele suceder que cuando no se tiene muy claro cuál es el mensaje que se quiere difundir o qué es lo que se quiere comunicar, se presenten fallas o errores en el propio armado y emisión de ese mensaje.

Conocer y saber sobre nuestro receptor también permitirá perfeccionar y adaptar mejor el mensaje que vayamos a comunicar, ya que sabremos qué lenguajes entiende mejor, qué medios son los más adecuados y qué interés puede generarle la información que está por ser enviada.

Comunicarnos es un arte apasionante, conocer sobre la inmensa cantidad de medios y formas de vincularnos resulta muy interesante, no solo porque ampliamos la gama de medios y oportunidades para compartir con otros, sino porque continuamos conociéndonos a nosotros mismos, hecho que nos habilita a seguir perfeccionándonos y evolucionando.

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