Mis Archivos del Exilio Nº 46

El desexilio

Cuando el 16 de junio el buque Ciudad de Mar del Plata II, llegaba a Montevideo, creí que acaba el exilio. Fuimos presos, eso no es exilio. Al salir me di cuenta que las huellas del exilio no se van rápidamente. Hay que aprender a convivir con ellas. Hay recuerdos trágicos, otros evocan la solidaridad recibida. Se hacen nuevos amigos que no se quiere olvidar. También necesidad de volver a echar raíces, esta vez en tierra de uno. Todo eso es desexilio.

Creí que era una mochila más para cargar. Las canas, el tiempo, me han enseñado que uno crece en ese proceso. No hay dos casos iguales. Pero todos intensos. De México, por ejemplo. Cada vez que me cruzo con alguien que estuvo allí siento a Vicente Fernandez (recientemente desaparecido) cantando “Y Volver Volver, voolveer

Creo que me crucé dos veces con Moriana Hernández. La última en la feria del libro. Todos los recuerdos se pueden revivir en segundos, en un viaje en ascensor. Con Gonzalo Fernández, en cambio, necesito compartir: ideas, chistes, discusiones. ¡Cómo no recordar, todos los días a Diego Achard! A mi ex Jefe en EEUU, Joe Eldridge, le escribo todas las semanas. Antes de la pandemia le veía por lo menos, una vez al año.

También están los que no volvieron. Cundo me los topo en persona o por las redes, Vicente Fernández y toda la Plaza Garibaldi (centro de mariachis) me susurra “No volveré, te lo juro por Dios que me mira, no volveré». Saber de Silvia Dutrenit, Martín Puchet y el “Flaco” Palero, genera nostalgia. Un amigo de todos nosotros no supo quedarse y todavía lloramos su partida. 

Pero quizás más difícil fue adaptarse a estar con los que aprendimos a extrañar. Mi regreso, por haberlo compartido con mi padre, tuvo mucha exposición pública. Por un tiempo sentí que me faltaba intimidad. Cualquier lugar al que fuera, boliche, ómnibus, caminata por la Rambla, estaba llena de saludos, abrazos, miradas distantes, pero siempre sitiándome observado.

Recuerdo que en aquel tiempo, un amigo me dijo “vas a terminar de regresar cuando entres a un lugar y a nadie le parezca raro. Cuando puedas decir un `hola, buen día,” sin tener que estar pendiente de los demás, ni de tí mismo.” Tenía razón. La reflexión me sirvió mucho. Por entonces vivía en Luis Piera, a metros de la desproporcionadamente grande Embajada de EEUU. (¿por qué tan grande?). 

Solo tenía, unos pocos metros cuadrados de barrio, abajo de Casa. El Bar Tinkal. No había estado allí antes del exilio. Pero era el “boliche” que extrañamos cuando estando lejos y no podríamos volver. Hasta el acento español de sus dueños era parte del paisaje montevideano. Tenía personalidad. El murmullo con acento gringo de muchos comensales, que eran funcionarios de la Embajada.

Fuera del “Tinkal”, no dependía de mi. Pesaba la “figura pública.” No es fácil. El tiempo va haciendo lo suyo. Y la solidaridad de terceros también. Así apareció el Club Atletico Welcome. Otrora en primera división, famoso por los Moglia, el Club estaba en 3ª división. Como si fuera poco su Presidente, Víctor Hugo Morales, se había ido a Argentina. Un grupo de vecinos me invitó a candidatearme a la Presidencia.

Trajo si, aparejado muchas tensiones. ¡Debo de haber sido un desastre como Presidente! Más allá de mi inexperiencia, siempre surgía un imprevisto. Ni hablar cuando a un hincha se le iba la moto. De ahí: estar hasta la madrugada tomando un café con algún comisario.Welcome pasó a ser mi lugar en el mundo. Iba todos los días. Me fui relacionando con los vecinos. Primero hablaremos de basketball. Luego salían los temas del barrio.

Yo solía decir que la camiseta era colorada pero con una W gigante en el medio. No habrá sido por eso, pero el viejo empezó a ir a los partidos. O se hizo hincha, o le divertía verme de Presidente, o le pasaba lo mismo que a mi, necesitaba su rinconcito de intimidad propia. A lo sumo allí era “el viejo del Presi”. O simplemente , “vino el Wil, no toma, pero dale una ginebrita”.

Un día me dijeron “Che, parece que en las próximas (Oscar) Magurno es candidato” . Fui corriendo a ofrecerle la presidencia. Primero sabía que me iba a ganar, luego, iba a ser mejor Presidente. En su mandato seguí yendo, hasta que me mudé y dejé de ir. Volví hace poco ,cuando cumplió 95 años. No sé como agradecer como fuimos recibidos. No supe ni pude decir todo lo que me dio el Club.

Luego murieron mis padres. Uno se prepara toda la vida para ese momento, pero cuando llega, nunca se está preparado. Nos pasa a todos los hijos. En mi también pesó mucho la complicidad con que rememorábamos lo compartido en el exilio. Momentos de angustia, de esperanza y, a veces, de alegría.

Me mudé varias veces. Ahora vivo en el Centro. Pero mi barrio no está acá. Está lejos. Mi barrio es La Cruz, donde está la Iglesia de San Romero de América. Ya he contado lo que fue Romero en mi vida y en mi exilio. Siendo Embajador en Argentina, tras la muerte del Cardenal Quarracino trabé amistad con el Cardenal Bergoglio. Le hablé mucho de Romero, a quien él admiraba. 

Igual me sorprendió recibir una invitación del Papa a El Salvador cuando le beatificó. Allí volví a ver a Romero vivo en su pueblo que no le olvidó. También fui invitado a Roma para su la Canonización. No fui. Ese día, la Iglesia de la Cruz, pasaba a tomar su nombre. Los curas me invitaron. Era más lindo que ir al Vaticano. Hasta me hicieron contar algunas anécdotas.

El cura Fernando, ahora ayudado por el padre Miguel, me enseñó a conocer el barrio. Sus carencias, su marginalidad, sus situaciones, casi ocultas de pobreza. Yo mismo aprendí a querer a su gente, sencilla, cálida. Y otra vez encontré mi nido en esta tierra, tantos años extrañada. No me quiero mudar. Estamos a gusto con el viejo departamento que alquilamos. Igual no cambiaría nada. Pero si tengo que hacerlo, no pasa nada, La Cruz seguirá siendo siempre mi barrio.

Los domingos hacemos una hora temprana de bondi para llegar en hora. La gente que va al templo es nuestra comunidad. Y los del barrio, son nuestros vecinos. Antes de volver, nos gusta a cruzarla bar La Cruz. Ya nos hecho amigos de muchos de los que allí acodan. Y más de una vez cuando vanos a pagar ya lo había hecho un vecino. 

Hace poco celebramos en el templo un importante evento familiar. Amigos de todas partes nos acompañaron. Entre ellos dos Pepes: Vasquez que llegó a acompañarnos a pesar de sus dificultades motrices. El otro, fue con su esposa Lucía y siguió la liturgia con un respeto casi devoto. Con todo lo que me dejó Monseñor Romero, hoy Santo, su barrio en Montevideo, fue su mejor regalo.

3 Comentarios

    • Fui de Ferreira Aldunate y de Carlos Julio Pereira, era de la 504. Pero debo reconocer que, Wilson era muy temperamental, fue mal perdedor y con su intransigencia impulsó el golpe del 73. Amodio Perez confirmó su vinculación con los tupas. Para Wilson cualquier acción era justificada con tal de oponerse a Pacheco y a Bordaberry.
      Y este engendro que tuvo Wilson y que lo dejan escribir aquí, confirma lo que acabo de expresar, son más cercanos a las dictaduras comunistas que a la patria de Artigas, tanto lo fue Wilson como lo es ahora este inútil de su hijo.

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