Mis Archivos del Exilio Nº 35

El Quijote en el exilio

El exilio debe tener mucho de quijotesco para sobrellevarlo. Pero hubo un día que el Quijote, el de verdad, al que dio vida Cervantes hace ya tiempo, el mismo día (16 de enero) en que cumplí 68 años, el Quijote cumplía 416. Mayorcito que yo. Pero se topó en nuestro camino.

El año 83 fue un punto de quiebre. Empezaba el conteo regresivo. El acto del 1º de mayo, la aparición de Asceep (organización estudiantil ante la ilegalización de la histórica FEUU) y del PIT (ante la ilegalidad de la CNT). El discurso de Wilson el 16 de mayo en Colombia resalta estos hechos como determinantes. Me envía una carta el 4 de octubre pidiéndome que asuma su representación ante estas gremiales.

El año termina con el Río de Libertad, expresión popular frente al Obelisco, el 27 de noviembre. Pero a lo largo del 83 no todo fue esperanzador. La historia quiere olvidarlo, pero hubo también el triste paréntesis del Parque Hotel.

Contra las directivas de Wilson, el Partido Nacional asiste con el Colorado. El Frente Amplio no había sido invitado. Ninguna de las dos cosas era aceptable para él, ni la presencia colorada ni la ausencia del Frente. No había que ir. Más bien, seguir acumulando fuerzas.

Primero, todo el P. Nacional siguió otro camino. Luego, Juan M. Posadas y Oliú se retiraron ante la insistencia de Wilson. Pero se les sustituye por otro dirigente (un exlegislador) de su sector, Por l a Patria. Junto a este, todos los demás grupos partidarios fueron contrariando la postura de Wilson.

Las conversaciones comenzaron a principios de mayo y culminaron a fines de setiembre. En el medio, hubo una gran incertidumbre. Wilson sintió que su Partido tomaba otro camino que el suyo. Y pensó seriamente en tirar la toalla. De conductor, no de militante. Mi madre me escribe y me cuenta. Yo no le creo mucho, pero rápidamente organizamos una gira por Colombia y Centroamérica.

En ese marco, la CNT en el exilio lo invita a un acto, donde el viejo pronuncia uno de los discursos de más contenido. Describe por primera vez el papel que cree deben jugar las organizaciones sociales (trabajadores y estudiantes). No solo en la lucha antidictatorial, sino en la construcción de un nuevo Uruguay. Más justo. Más solidario. No parecía alguien que se sintiera derrotado, ni siquiera herido.

El 20 de mayo, exactamente siete años después de la muerte de Zelmar y el Toba, nos despedimos con un abrazo en el aeropuerto de Panamá. Yo vuelo a México, él a Catalunya. Estaba contento. O eso creía yo. Al abrazarnos me dice: «Muchas actividades como esta, Juan Raúl, yo voy a militar más. El liderazgo, si no genera conductas, no existe».

Me sentí desolado. Y le escribí. Una poesía. Creo que nunca más me separé de la prosa, después de aquella. Sancho Panza, escudero, le escribe a su Quijote, del otro lado del mar. Lo precisa cabalgando. Decía así:

«Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento, así te miro pasar…»
León Felipe.
«Dame una lanza y vamos, caballero,
de aquellas que tenías en astillero.
Dame una adarga y vamos, caballero,
que hoy La Mancha se extiende al mundo entero.
Yo quisiera en mi locura
tener tu loca cordura
para ahogar las amarguras del vivir
y saber que llevo un rumbo
en este andar por el mundo tras de ti.
Quiero ganar la dulzura
de ver tu triste figura por aquí
y empaparme en tu locura
para llevar la aventura hasta el confín.
Dame una lanza y vamos,
dame una adarga y vamos, que es el tiempo,
el tiempo de villanos y de magos.
Quita el polvo a la armadura
busca la vieja montura
de tu antiguo batallar
y liviano de amargura galopa por la llanura,
por la sierra, por el monte y junto al mar.
A cabalgar de nuevo llaman, caballero. Yo estoy listo.
Te espero en el camino
y hallaremos el yelmo de Mambrino.
Este tiempo es tu tiempo, caballero,
el mundo se ha llenado de gigantes,
los pueblos se ocultan temerosos
y no aparece un caballero andante.
Si en estos cuatro siglos, derrotado,
las armas nunca usaste como antes,
tómalas hoy de nuevo, adarga y lanza,
¡ y ensilla otra vez a Rocinante!
Yo quiero ir a tu lado
caballero del destino,
seguir en tu misma huella
y marchar por los caminos.
Déjame ir a tu lado,
vámonos a cabalgar,
que está lleno de gigantes,
que es preciso derrotar.
Si vieras caballero, lo que ha sido
en cuatro siglos de tu larga ausencia,
empuñarías la lanza enfurecido
y entrarías como yo en la contienda.
No me dejes solo en esta empresa mía,
en mi tierra te espero, caballero,
que mi tierra es la tuya, es de tu raza
y en América tendrás un escudero.
Quisiera que cruzaras esos años
y aparecieras hoy por nuestras sendas.
Cuatro siglos y un mar que nos separan
son poca cosa para tu leyenda.
Yo sería tu escudero, caballero.
Escudero más fiel que el viejo Sancho
con tu misma locura en mi destino.
Déjame ir a tu lado,
caballero del destino.
Déjame ir a tu lado
y vamos por los caminos.
Marcharemos los dos,
lado con lado,
envueltos en la misma fantasía
de deshacer entuertos por el mundo
y hacer bendita
esta tierra mía.
Cuando nos vean cruzando por la sierra
Preguntarán: ¿quiénes son esos dos? ¿ y qué persiguen?
Y dirán «Es el loco de la lanza,
y su loco escudero que lo sigue».
Escudero más fiel, no habrá ninguno.
No intentaré frenarte con cordura;
atizaré el fuego de tus desvaríos
y excitaré con arengas tu locura.
cuando quieran decirte, caballero,
que son molinos los que están enfrente,
yo gritaré que no, ¡que son gigantes!
¡Híncale tus espuelas y arremete!
el caballo sangrando los ijares,
la lanza apuntando en desafío,
el cuerpo inclinado hacia delante
buscando el corazón del enemigo.
Yo iré junto a ti, cortando el viento,
buscando derribar a mi gigante
y ensartar en mi lanza su cabeza.
Nunca contaremos los gigantes muertos,
mientras haya uno, no habrá concluido
y no habrá derrotas, porque sólo
quien se siente vencido está vencido.
Déjame ir a tu lado
caballero del ensueño
déjame ir a tu lado
y montar en clavileño.
En alguna vieja venta
velaremos armas juntos
e iremos tras los gigantes
de que se ha llenado el mundo.
Cuando nos vean cruzando por los llanos
preguntarán ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué persiguen?
Y dirán: «Es el loco de la lanza
y su loco escudero que lo sigue».
«Tan solo un par de locos» dirá el mundo
y se reirá tal vez del desatino,
pero tú y yo sabremos dónde vamos
y nunca dejaremos el camino
¡Vámonos, caballero, que ya es tarde!
El sol se ha derramado por los llanos,
y brota de la tierra un aire dulce,
como miel de un panal americano».

Me escribió largo, el 25 de mayo, exactamente un año antes de anunciar nuestro regreso a la Patria, sin tocar el tema, solo hablaba de futuro, planes y actividades. Debajo de la firma mi madre puso algo que yo ya intuía: «Está ensillando a Rocinante».

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