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Godín entre el Cagliari, las ofertas de Rusia y Turquía y la posibilidad de volver al fútbol uruguayo

El capitán de la Selección Uruguaya evalúa qué hacer en su futuro cercano, mientras sueña con jugar su último Mundial y confiesa lo mucho que extraña vivir en Uruguay.

Diego Godín vive un presente mucho mejor que el que podía soñar cuando tenía 15 años y quedó libre de Defensor Sporting. De aquella etapa, del día que más recuerda de su carrera a partir de un llamado de Gerardo Pelusso, de lo que más extraña de Uruguay, de la angustia por pelear un descenso y del esfuerzo de seguir lejos de su tierra por el objetivo de seguir en ligas exigentes para jugar en la Celeste, habló durante más de una hora con el programa ‘Dos de punta’ de la plataforma ‘Otra cabeza’.

Sus inicios: la frustración en Defensor y los rezongos del padre

“Nos llamaron de Defensor después de Navidad para decirnos que no iba a tener más la casita de los jugadores del interior ni los viáticos. Era una forma gentil de decirme: ‘muchas gracias’. Yo me entregué. Tenía 15 o 16 años y quería quedarme en Rosario. En ese momento extrañaba más a mis amigos que a mi familia porque quería ir a los bailes. Ya habían pasado los cumpleaños de 15 pero venían otros. Quería la vida del interior. Por entonces venía de un año en el que a veces ni siquiera estaba entre los citados. Cuando no me convocaban, me iba corriendo para Rosario para pasar el fin de semana e ir a los bailes. Mi padre me dijo: ‘Vos acá no te vas a quedar de joda. Y si te quedás acá vas a estudiar’. Literalmente me levantó de la cama a boleos en el culo. Yo lloraba y no quería hacer nada. Él me consiguió una prueba en Cerro y me dijo: ‘Si no andás, te venís a estudiar’. Y dicho y hecho”.

Cerro: una segunda oportunidad

“Mi padre me acompañó a la primera práctica en Cerro, porque fue quien habló para conseguirme una prueba. Al técnico, William Lemus, le dijo: ‘Yo soy del interior y Diego en dos semanas tiene que anotarse en el liceo. Queremos saber si se anota en Montevideo o en Rosario y esto es bien fácil, como en el truco; quiero o no quiero. Probalo y me decís. Si no te sirve, no andes con vueltas y decímelo. Pero Diego va a estudiar, sea acá o en Rosario’. A la semana William me dijo que iba a quedar y así se dio. Pero fue una iniciativa de mi padre, que me empujó. Ahí ves la importancia de la familia. No todo el mundo tiene esa suerte”.

Al ficharse en Cerro le pidió al hermano mayor de un amigo que ya vivía en Montevideo para compartir el apartamento y los gastos: “Se portaron notable y me ayudaron muchísimo. Si no era por ellos, no iba a Montevideo. Con entusiasmo iba a Tres Cruces a buscar las encomiendas que mandaban desde Rosario con milanesas, guiso o polenta rellena. La comida la teníamos racionadita. Yo estaba practicando en quinta y el técnico, William Lemus, me dijo que el entrenador de la primera, Gerardo Pelusso, quería que fuera a hacer fútbol con ellos. ¡Iba a ser mi primera práctica con la primera de Cerro! Me acuerdo que llegué a casa y llamé a mis padres. Fue un orgullo por todo lo que había pasado antes y el esfuerzo que hacían mis padres. Era todo un sacrificio que hacíamos, pero por ese pequeño momento ya sentí que había valido la pena”.

Los años dorados

Era el año 2003 cuando Pelusso lo hizo practicar con el plantel principal de Cerro.

Luego, a partir de 2004 y 2005 comenzó a transformarse en figura y símbolo del equipo albiceleste, también en la selección juvenil del año 2005, hasta que se le abrieron las puertas de Nacional, donde también se lució y dejó un gran recuerdo.

Diego, por entonces (año 2006) ya comenzaba a formar parte de las convocatorias del maestro Tabárez que recién comenzaba con un proceso que se extendería hasta estos días.

Godín debutó con la Celeste el mismo día que se inició el actual proceso de Tabárez.

Después hizo una carrera brillante, permaneciendo más de una década en el fútbol de Europa.

Se extraña el paisito

Ya entrando en la recta final de su trayectoria, Diego confiesa que “De Uruguay extraño todo, y ahora de grande un poco más. Cada vez que vengo y tengo que volver a irme, me cuesta porque extraño a Uruguay. Tengo decidido volver a vivir acá, aunque haya gente que me diga que estoy loco y que vuelva a Madrid. Amo Uruguay y me gusta. No es que extrañe cosas puntuales. Extraño vivir en mi casa, en mi tierra. Extraño aprontarme un mate e ir a la casa de mi hermana a ver a mi sobrina. Extraño irme al campo a ver a mis padres, tenerlos cerca y disfrutarlos. Yo me fui joven y mis padres están cada vez más grandes. El tiempo pasa y uno extraña cada vez más esas cosas. Mi mujer me dice que es porque vengo 15 o 20 días y todo el mundo quiere verme, entonces hago 17 asados y 20 juntadas. Y salgo a pescar, a andar a caballo o a un baile. Pero no es eso; yo extraño las pequeñas cosas de acá. Sé que si me vengo a vivir a Uruguay no va a ser con la intensidad de esos 15 días que vengo de vacaciones. Lo que más extraño es tener cerca a mis amigos para juntarnos cada tanto a tomar unos mates o comer un asado, tener a mis padres cerca, a mi familia y a mi sobrina. Sin dudas que el día a día es lo que más extraño”.

¿Jugar en el fútbol uruguayo?

“Mi vida giró siempre en torno al fútbol y sigue siendo el gran fuego. Todavía no estoy preparado para decir que si se corta eso… ¿qué? Capaz que vengo a Uruguay y sigo jugando al fútbol. Capaz que voy a jugar a Estudiantes de Rosario. Lo que sí sé es que fue una carrera vertiginosa, intensa y siempre en ascenso. Ha sido desgastante desde todo punto de vista, en lo físico y lo mental, porque nunca tuve pausa. Terminaba con el club y siempre había algo con la selección. Y después otra vez a entrenar con el club”.

El sueño de jugar otro Mundial

“Mientras el cuerpo técnico de la selección considere que puedo seguir ayudando desde el lugar que me toque, lo que quiero es estar vigente y competitivo. Hace muchos años estoy en el fútbol europeo y quiero seguir allá. Me podría ir a otras ligas a ganar más dinero o a conocer otras culturas, pero no me interesa. Quiero estar en un lugar cómodo y en una liga competitiva para estar vigente para la selección. Cuando fui del Inter al Cagliari les dije que mi gran objetivo era estar vigente para jugar en la selección y ayudarla a clasificar al Mundial. Mi gran objetivo es jugar el Mundial de Qatar. Después si clasificamos o no, o si no me convocan, es otro tema. Pero mi gran objetivo es ese. Por eso el esfuerzo de estar lejos de la gente que quiero. Cuando arreglé en Cagliari sabía que era una de las posibilidades porque en los últimos años ha estado ahí. Podía salir muy bien o como salió, que terminó bien pero fue un año difícil. Después de tantos años jugando, y siempre remándola de abajo, pensé que estaba preparado mentalmente para esa experiencia. Pero no lo estaba. Cuando estás en esa situación y llegás a casi 15 partidos sin ganar, te entra un estado de angustia y ansiedad. Yo me decía: ‘Vengo a este equipo como figura y estoy allá abajo. ¿Desciendo?’ Estaba en un estado de presión por dentro. Caminaba por las paredes. No es la misma presión que pelear arriba porque estás en un estado de angustia y tristeza continua. Estás triste. Se superó y pudimos salvarnos, pero no fue fácil. Me queda un año y después otro opcional que lo decido yo. Ahora nos vamos con Nahitan (Nández) a la pretemporada. El presidente dijo que están con un problema grande económico y que todo jugador por el que llegue una oferta está en el mercado. La semana pasada recibí una oferta de Rusia y ahora una de Turquía, pero no sé nada y conmigo nadie se contactó. Es normal que el club atienda y vea si le sirve. A Nahitan le pasa lo mismo y están evaluando. La realidad económica de los equipos chicos, sin la gente en los estadios, hace que tengan que rever sus presupuestos. No tengo una propuesta que me haya llegado directamente a mí y que me interese”.

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