La desigualdad tecnológica

Investigación asegura que la tecnología afecta el cerebro

Un estudio realizado por la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, investigó el impacto de diversos estímulos digitales en la actividad neurológica en diferentes partes del mundo.

La investigación apuntó a distintos puntos geográficos porque el efecto de la pandemia y la digitalización no se produjo de la misma forma en todas partes. El estudio, liderado por la neurocientífica Tara Thiagarajan, advirtió que pueden surgir diferencias en el impacto según las condiciones sociales y neurológicas. Estas capacidades son las que hablan del acceso de un individuo a la tecnología. 

En diálogo con El País de Madrid, la neurocientífica explicó que los resultados de los encefalogramas en áreas rurales con una población de menores ingresos reflejan la ausencia de ondas alfa, vinculadas a la concentración y la memoria. 

Por el contrario, en poblaciones urbanas las oscilaciones de las ondas alfa son más elevadas. “A medida que la gente consume más contenidos digitales, mayores son los cambios en los patrones neuronales. La complejidad en las señales recibidas por el cerebro modifican sistemáticamente este órgano en función de los impulsos y estímulos que recibe”, detalló Thiagarajan.

Si bien la neurocientífica se abstuvo de emplear los términos de “pobreza” y “riqueza”, dejó en claro que la desigualdad tecnológica favorece el desarrollo de diferentes tipos de cerebros. “Hace 200 años nos parecíamos bastante con respecto a la actividad cerebral. El mundo era bastante homogéneo. Sin embargo, hoy existen más divergencias que nunca, sobre todo para disponer de internet u otras tecnologías que son básicas sólo en países desarrollados”, sostuvo.

Los resultados de la investigación apuntan a una cualidad del cerebro: la neuroplasticidad. Un neurólogo, Facundo Manes, aseguró en diálogo con El País, que es la capacidad del sistema nervioso para adaptarse a los cambios. 

Este mecanismo permite que las neuronas se organicen para formar nuevas conexiones y puedan ajustarse a las actividades y los cambios de entorno. Es así como en países más ricos el cerebro funciona de una manera y en los países más pobres de otra. 

La necesidad de tecnología se resume en unos 30 dólares diarios. Estas exigencias, según Thiagarajan, surgen tanto de la educación como del desempeño laboral. Algo inalcanzable para los pobladores de la India, por ejemplo. 

El estudio evita pronunciarse sobre qué impacto conlleva la sobreexposición tecnológica en la que convivimos. Debido al auge de la pandemia y las consecuencias como el teletrabajo o la educación a distancia, es difícil estudiar la adaptación neurológica en el entorno pandémico.

“Contamos con datos que prueban que la multitarea disminuye el rendimiento y la eficiencia cognitiva. Pero la realidad es que aún no podemos saber por completo cuál es el impacto de la tecnología en las redes cerebrales”, agregó Manes.

Más datos:
Tara Thiagarajan es una destacada neurocientífica india, fundadora de Sapien Labs. Estudios como “La dinámica cerebral depende del contexto social” surgen de su trabajo en el Proyecto de Diversidad Cerebral Humana que dirige. 

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