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Jaime Saavedra: «Necesitamos que se reconozca el fortalecimiento de las políticas pospenitenciarias»

El titular de la Dinali apuesta a que tengan más presupuesto para continuar con el trabajo que vienen realizando con los exreclusos. "La problemática que estamos viviendo en términos de convivencia y seguridad amerita el trabajo de fortalecer las políticas pospenitenciarias", señaló.

Foto: Gastón Britos / FocoUy

Es uno de los pocos que continuará en su cargo. Para el titular de la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado (Dinali), Jaime Saavedra, es un «honor» y un «orgullo» que el futuro ministro del Interior, Jorge Larrañaga, lo haya designado para que continúe en su cargo. «Es algo muy lindo aún a sabiendas que soy un votante de un partido rival», comenta.

Para el presupuesto ínfimo que tiene la dirección los resultados son extraordinarios. «Esperemos que el nuevo presupuesto refleje alguna de estas iniciativas que estamos planteando; estamos muy bien en cuanto al diseño del programa, al alcance del programa y a los resultados», cuenta Saavedra.

En cuanto a las mal llamadas «zonas rojas», Saavedra cree que es posible que cambien. En ese sentido, dice que hay que tener un barrio «con buenos servicios, buenas plazas, buenas escuelas, con buenas oportunidades de trabajo» y privilegiar a «algunos sectores que no han sido privilegiados».

A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo con LA REPÚBLICA.

¿Cómo tomó el anuncio de Jorge Larrañaga en el que dijo que continuaría en su cargo?

Para mí fue un orgullo y un reconocimiento, algo muy lindo aún a sabiendas que soy un votante de un partido rival, es muy gratificante. Las felicitaciones y el acompañamiento de las autoridades salientes y de todos los partidos políticos con representación parlamentaria me hicieron sentir muy honrado y espero estar a la altura de las circunstancias.

El grupo de funcionarios vinculados a la Dinali y todo el conjunto de personas liberadas comprometidas en un programa me han demostrado su cariño, apoyo y alegría.

¿Lo esperaba?

No me sorprendió. Hubo indicios públicos el año pasado de algunos representantes de los partidos, en ese momento de la oposición, que sugerían como posible mi continuidad.

¿Ha mantenido alguna reunión con el futuro ministro del Interior?

Sí, hablamos del tema penitenciario y pospenitenciario.

¿Han hablado sobre los desafíos que debe afrontar el próximo gobierno con respecto a los expresos?

Sí, hay conversaciones de carácter general. La decisión de que yo continúe es de seguir trabajando en la dinámica que se está llevando a cabo en la Dinali. Lo que he venido planteando públicamente es de dar unos pasos en el fortalecimiento de los equipos técnicos y de los recursos económicos que tiene la Dinali, que son escasos. La problemática se ha complejizado mucho y necesitamos que el Uruguay reconozca el fortalecimiento de las políticas pospenitenciarias.

Ese es el espíritu general, un espíritu compartido ampliamente por las autoridades políticas. Después se irán dando los pasos que las autoridades que entran consideren necesarios en el marco de una situación de ajuste presupuestal.

Hemos empezado a crear esa conciencia que es necesario fortalecer con los equipos técnicos y el presupuesto de la Dinali en la medida que sea posible porque los resultados son extraordinarios.

La problemática que estamos viviendo en términos de convivencia y seguridad amerita el trabajo de fortalecer las políticas pospenitenciarias. Este año iremos discutiendo estas cosas y veremos dentro de ese contexto poder fortalecer las políticas pospenitenciarias. Qué se puede hacer y qué no pensando en el próximo presupuesto. Hay un año bisagra en el que tenemos que discutir muchas cosas, esperemos que el nuevo presupuesto refleje algunas de estas iniciativas que estamos planteando.

¿Cuál es el presupuesto que actualmente tiene la Dinali?

Tenemos 73 funcionarios en un ministerio que tiene 32.300. Tenemos un gasto de funcionamiento de 10.600.000 pesos, es absolutamente residual lo que nosotros tenemos en el marco del ministerio y en el marco del Estado en general, un Estado que tiene 276.000 funcionarios. Hay que revisar las cosas porque se dan cosas absurdas que dificultan mucho la tarea.

Desde Río Negro hacia el norte no tenemos ningún funcionario técnico. En Salto tenemos una unidad penitenciaria de complejidad creciente con 330 personas privadas de libertad, no tenemos funcionarios. Tenemos una gurisa que cada 15 días viaja voluntariamente para tratar de atender los problemas en Salto. Tenemos una sola funcionaria en Maldonado en una cárcel que es muy complicada, que tiene 700 personas.

Los problemas de vivienda, de capacitación, los programas de pasantías, de acceso a crédito, los préstamos de herramientas, el apoyo psicosocial y además atender gente en la oficina y estar atento a todo es imposible. Se hace y se hace con mucho éxito pero todo tiene un límite.

Un poquito más de gente, un poquito más de plata y pagando un poquito mejor para esta gurisada divina que hace estas cosas fantásticas que se ven en todo el territorio nacional son un capital que el Uruguay tiene y que no se puede perder, porque están atendiendo un problema que es crucial si queremos construir un país mejor que el que hoy tenemos.

¿Aspira a que la Dinali se descentralice de alguna forma?

Tenemos un programa que está en todo el territorio nacional que lleva a todas las unidades.

El año pasado tuvimos una performance notable de atención a los liberados. Llegamos casi a atender a todas las personas liberadas, hay 6.875 atenciones en un año en el que hubo 7.000 personas liberadas, es una performance fantástica en todo el territorio nacional. Eso se ha hecho con mucho ingenio y con mucha dedicación de parte de los pocos que somos.

Parte de nuestros técnicos están trabajando en el programa de preegreso que es preparar la salida de todos aquellos privados de libertad que están a pocos meses de salir. Eso supone que hay que ir a las unidades a trabajar y encontrarse con esas personas, al mismo tiempo hay que atender a la gente que pasa directamente por las oficinas de Dinali que es la otra boca de entrada.

El año pasado hicimos un programa muy interesante y que nos ha dado mucho resultado. Nuestros técnicos van a trabajar a los barrios donde lamentablemente están los muchachos que después terminan en cana: Casavalle, Casabó, Cerro Norte. Llega un momento que no da el cuerpo.

Es muy gratificante pero tiene un nivel de desgaste emocional y psicológico muy importante porque siempre se están enfrentando situaciones extremas, no deseadas, que conmueven. Es todo un combo de situaciones que lo obligan a uno a dejar una energía brutal.

Somos 73 en la Dinali y hay 7.000 personas liberadas por año. El Inisa, por ejemplo, tiene unas 1.800 personas para atender a 283 gurises menores de edad en privación de libertad y 60 medidas alternativas.

Estas cosas tenemos que mirarlas y encontrar un orden distinto porque esto es crucial, porque cuando nosotros hablamos de 7.000 personas liberadas por año estamos hablando de 7.000 jóvenes que son muy pobres, vienen de historia de familias vinculadas al delito, ellos tempranamente terminan vinculados al delito, con tema de consumo, con niveles de educación muy débiles, con lazos familiares deshechos o en algunos casos cuando subsisten con vínculos que son nocivos.

No podés no darte cuenta de eso, hay que meter mano y la Dinali tiene un muy buen programa que logra muy buenos resultados con escasos recursos, hay que fortalecer un poco, ese es mi consejo y en esa línea se ha generado una sensibilidad a que va a permitir que estas cosas se repiensen en la discusión del presupuesto el año que viene.

En comparación con América Latina, ¿cómo está Uruguay hoy en día?

Estamos muy bien en cuanto al diseño del programa, al alcance del programa y a los resultados.

Tenemos tres bocas de entrada. Tratamos de captar la gente por las tres vías posibles yendo al territorio, yendo a trabajar en las cárceles y atendiendo las oficinas, eso no pasa ningún otro país de Latinoamérica. Estamos en todas las unidades y en todo el territorio nacional, aún con dificultades nos organizamos.

El programa atiende los núcleos duros que tienen que ver con la organización social positiva, con aquellas cosas que se precisan para tener chances de vivir en comunidad, el tema de empleo, el tema de la capacitación, el programa de la vivienda, el programa del acompañamiento socio-familiar. Es un programa que tiene todos los componentes que tiene que tener y lo más importante es que ha tenido unos resultados bárbaros, si consideramos los recursos.

Terminamos el año pasado con 500 pasantías laborales, ese número es fundamental. 500 personas que trabajan, que tienen su tarjeta del banco, que están en planilla con lo que eso significa, que es el acceso a los derechos. Y no sólo eso sino que todo el trabajo provoca, tenés tu rutina, obligaciones, derechos, hacés amigos, todas esas cosas que son fundamentales para aprender a ser ciudadano partícipe de la comunidad.

Eso no ha pasado en ningún país de Latinoamérica teniendo mucho más recursos que los que se aplican acá. Tenemos convenios con todas las intendencias del país, con empresas privadas, con organismos del Estado, todo el mundo acompañando este proceso es algo formidable.

Terminamos el año pasado en convenio con Inefop con 220 personas que se capacitaron en 27 cursos, de las cuales 130 ya obtuvieron su certificado y de esos que se certificaron la mitad ya están trabajando en los oficios en los cuales fueron capacitados, es un convenio que está extendido para este año y que se va a ampliar para el interior, en primer lugar para Canelones.

250 personas pasaron por la Posada del Liberado, es una cosa muy gratificante. La inauguración del consultorio odontológico que tuvo 700 intervenciones, un consultorio hecho por un médico honorario que nos está dando una mano extraordinaria porque tenemos una población que muchas veces sale sin una historia clínica. Es una población que tiene patologías que son propias de la vida penitenciaria, es una población que aún teniendo derecho a ir a ASSE no va.

Inauguramos un consultorio jurídico para poder atender a nuestra población que no tiene para pagar los recursos de los abogados.

La inauguración parcial del Centro Comunitario de Integración Social el año pasado, un edificio que estaba en ruinas. Los liberados están trabajando y financiándolo parcialmente con sus aportes.

Vienen de otros países para ver cómo se están haciendo las cosas acá, no es de ahora. Tiene una gran historia en el Uruguay.

¿Cuáles son las carencias que tiene el sistema carcelario actualmente?

En algunos sectores del sistema penitenciario falta organizar la vida cotidiana del modo más parecido posible a lo que es la vida, eso es lo que tiene que lograr la cárcel, no hay más misterio que eso, tratar de organizar de acuerdo a lo que indica el sentido común las leyes humanitarias más elementales, organizar la vida cotidiana para que transcurra de mejor modo.

En algunos lugares todavía hay mucho encierro, mucho ocio y eso genera caldo de cultivo a cosas muy feas y muy dolorosas que han ocurrido en los últimos años.

Hay que hacer un esfuerzo para que las experiencias positivas que también las hay dentro de los lugares más complicados, como en el Comcar, en el Polo Industrial o la experiencia de Punta de Rieles o algunas cárceles del interior, se extiendan a todas las unidades y creo que es posible.

¿Hay datos en cuanto a la reincidencia?

Ese es uno los temas que he señalado recurrentemente, se manejan distintas cifras, no hay ningún estudio que señale cuál es la reincidencia. Los que trabajamos adentro suponemos que la reincidencia es alta.

¿Pudo leer el anteproyecto de la ley de urgente consideración?

No. Debo leerlo detenidamente.

En el artículo 66 de este borrador indica, entre otras cosas, que «el trabajo de los reclusos penados será obligatorio y estará organizado siguiendo criterios pedagógicos y psicotécnicos». ¿Qué opinión le merece?

Todos los que trabajamos en el terreno sabemos que la privación de libertad es una enorme bolsa de angustias. Hay momentos en la privación de libertad que a cualquiera nosotros no pone la piel de gallina.

El domingo de tarde cuando se va la visita de un penal el estado de ánimo que queda es estremecedor, se siente en el aire la tristeza. El trabajo es fundamental, ojalá todos tuvieran trabajo.

La discusión tiene que centrarse ahí, cómo hacemos para que esto ocurra en todos los rincones y que esté al servicio de todos, porque cuando esto ocurre en privación de libertad los niveles de violencia bajan a cero.

Es perfectamente posible porque en el mundo adulto está todo armado en torno al trabajo, esa es la verdad de la milanesa, no tiene ningún sentido ponerse a discutir si el trabajo es obligatorio. A mí no me interesa, sí me interesa el ojo del penitenciario para tratar de que en cada rincón se encuentre una oportunidad laboral estando en privación de libertad como fuera.

¿Los proyectos de la Dinali deberían ser más difundidos?

Me parece una cosa extraña, tanto de la parte de la Unidad de Comunicación del Ministerio del Interior como de los medios de comunicación, nos tratan con mucha consideración.

Hay algo que pasa que no termina de llegar, no es porque no nos den pelota, nos dan pelota, pero hay algo que pasa que mucha gente se sorprende.

¿Le falta empatía al uruguayo con respecto a un exrecluso?

No, para nada, eso es un gran mito. Hay una amplia sensibilidad social.

Hay una alta sensibilidad del uruguayo para atender este problema. No hay que confundir el tema de lo que es una discusión en Facebook o un grupo de WhatsApp cuál es la opción media de los uruguayos. Los uruguayos hemos construido una sociedad tolerante y estamos preocupados por este tema y todos queremos salir de este tema.

¿Cree que sea posible?

Absolutamente, trabajo todos los días para construir un Uruguay distinto y creo que está al alcance de la mano, tenemos que hacer un esfuerzo importante de generosidad para privilegiar aquellos territorios donde algunas cosas que ocurren todos los días no les ocurran a otros.

Tener un barrio seguro, lindo, con buenos servicios, buenas plazas, buenas escuelas, con buenas oportunidades de trabajo, ese esfuerzo de generosidad hay que hacerlo y privilegiar a algunos sectores que no han sido privilegiados.

Hay que hacer también un trabajo importante de humanización con las comisiones de privación de libertad y con las políticas pospenitenciarias y ese combo va a producir mucho más rápido de lo que nos imaginamos resultados en la convivencia cotidiana.

Es perfectamente posible y vamos a estar todos muy satisfechos y lo podemos hacer mucho más rápidamente porque cuando el cambio empieza a operar, opera mucho más rápido de lo que nos imaginamos.

En cuanto a las mal llamadas «zonas rojas», ¿cree que el Estado debería estar más presente?

El año pasado hicimos una preciosa intervención en la Escuela N°248 de Unidad Casavalle donde van gurises con dificultades intelectuales. Tenían muchas dificultades edilicias y un grupo de personas en el marco de un proyecto que se llama Escuela Mía fuimos a hacer la refacción de la escuela. Ahora están en Las Piedras y la semana que viene van a terminar en Sauce.

En Unidad Casavalle poné la mejor escuela, armá las calles para que la gente camine por ellas. Empezar un sistema de contención de viviendas en el que haya oportunidades laborales que seduzcan más que las opciones que tienen, que la gente crezca sin resentimiento social. No hay que alarmarse por la sensación de resentimiento social porque todos lo tenemos en algún momento, ya que si no tenés quién te contenga, no tenés para comer, para abrigarte, no tenés oportunidad de laburo sólo porque naciste en tal lugar.

Cuando se dice «el Estado tiene que estar presente», lo traduzco en: mejores escuelas, mejores servicios de salud, etcétera.

Las Frases

«Todos los que trabajamos en el terreno sabemos que la privación de libertad es una enorme bolsa de angustias»

«Cuando se dice ‘el Estado tiene que estar presente’, lo traduzco en: mejores escuelas, mejores servicios de salud, etcétera»

«Tener un barrio seguro, lindo, con buenos servicios, buenas plazas, buenas escuelas, con buenas oportunidades de trabajo; ese esfuerzo de generosidad hay que hacerlo y privilegiar a algunos sectores que no han sido privilegiados»

«Necesitamos que el Uruguay reconozca el fortalecimiento de las políticas pospenitenciarias»

«Están atendiendo un problema que es crucial si queremos construir un país mejor que el que hoy tenemos»

«La problemática que estamos viviendo en términos de convivencia y seguridad amerita el trabajo de fortalecer las políticas pospenitenciarias»

«No tiene ningún sentido ponerse a discutir si el trabajo es obligatorio»

«Los que trabajamos adentro suponemos que la reincidencia es alta»

«Terminamos el año pasado con 500 pasantías laborales, ese número es fundamental»

«Es un gran mito que a los uruguayos les falta empatía con los exreclusos. Hay una amplia sensibilidad social»

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