Mujeres Afro «Deudas de igualdad»

La Situación actual de la mujer afrouruguaya sigue siendo altamente vulnerable a pesar de que desde el 2005 se comenzó un proceso de reconocimiento de la situación política, educativa, económica, social, propuestas de reparación simbólica, leyes y acciones afirmativas para la población afrodescendiente en nuestro país, históricamente excluida por la trata esclavista del siglo 15 en adelante.

Se han creado herramientas legislativas y políticas públicas de defensa y garantías de los derechos, contemplando las interseccionalidades que atraviesan el cuerpo y el espíritu de las mujeres afro. El tema es que el rezago es muy grande, hay que seguir trabajando y avanzando, porque a veces hasta las políticas, si no son altamente focalizadas, agrandan brechas de desigualdad.

La gravedad de la violencia intrafamiliar o basada en género es alarmante. ¿Acaso sabemos cómo están viviendo la violencia doméstica nuestras mujeres negras acentuada además por la pandemia?

El informe «Mujeres afrodescendientes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad» publicado por la Cepal en 2018 dice que, en Uruguay, el porcentaje de las mujeres afro que viven violencia de género en el ámbito social es de 43,7% frente a un 35,3% en el caso de las no afro. En 2019, 86,1% de las mujeres afrodescendientes había sufrido alguna situación de violencia en cualquier ámbito, contra 75,1% de las mujeres no afrodescendientes. Entonces dejo la interrogante para las nuevas autoridades y resalto que es urgente y, literalmente, de vida o muerte.

Mi reflexión es a propósito de optimizar esta lucha contra el racismo y la discriminación racial, tan necesaria para la profundización y fortalecimiento del sistema democrático de nuestro país. Porque las desigualdades raciales aquejan a toda la sociedad no solo a los negros. Y como toda injusticia, perjudica la convivencia y por consecuencia el desarrollo social. El Ubuntu africano; el soy porque somos, significa no estamos bien si no estamos colectivamente bien.

Se trata de satisfacer necesidades básicas, de calidad de vida y de felicidad pública como lo expresó el Padre Artigas. Y en medio de eso las mujeres negras, perjudicadas multiplicadamente por sus diversas condiciones y situaciones de exclusión sumadas.

Medito en este Mes Afro instalado hace tres años por un Gobierno Frenteamplista que desde que asumió se preocupó y ocupó del tema de la subalternidad de la comunidad afrodescendiente, y aunque parezcan poco los avances, han sido y son importantísimos y me consta que hay mucho trabajo detrás, tanto de la sociedad civil que presiona, crea, gestiona, hace, así como de los gobernantes progresistas de estas últimas administraciones.

Con logros por todos conocidos; leyes históricas, políticas públicas de transversalización étnico-racial y de género, capacitaciones, incursiones en la temática educativa, y en los diferentes lugares de gobierno para sensibilizar a los agentes de los diversos poderes estatales. Llegando incluso al Plan Nacional contra el Racismo.

Las acciones afirmativas deberían durar más de 500 años. Porque… ¿cómo balanceamos los genocidios y etnocidios, cómo equilibramos la depredación invasionista? ¿Cuándo y cómo llega en tiempo y forma la equidad con tantas generaciones de rezago y exclusión normalizada y alimentada? Latinoamérica, no por casualidad, es la región más desigual del mundo.

Es urgente poner en obras la descolonización ideológica y económica ante el racismo estructural, institucional y naturalizado para empezar a desterrar las inequidades. Porque no hay privilegios sin privilegiados que promueven las desigualdades mientras hacen como que ayudan a los marginados. ¡Atención!

Preguntaría a la ciudadanía objetivo, ¿cómo han sentido en sus vidas cotidianas los esfuerzos realizados para proteger los derechos y las oportunidades de las personas afrouruguayas? Seguro alguna respuesta positiva encontraríamos, aunque pocas y no es que se hayan hecho mal las cosas, sino que estaba todo muy mal, solo está un poco menos mal. Hay que seguir.

Mi duda quiere ir a los barrios humildes y a territorios del interior y preguntarle a los negros pobres (no a los pobres negros) a las negras pobres (no a las pobres negras) en qué se sintieron beneficiadas con las políticas inclusivas de los últimos años que sin dudas fueron muy buenas. En qué hechos concretos mejoraron sus vidas.

Saber directamente para no seguir nadando en una especie de autocomplacencia lírica y poder cambiar la ruta si es necesario.

Porque esto es responsabilidad de gobierno sin dudas.

Y nuestra fuerza política ya había empezado a gestar transformaciones, hay que tomarlas y seguir en tanto articuladores de procesos de cambio. Y no sé si es jerarquizando áreas. Hay que profundizar las políticas de equidad racial porque estamos sobrediagnosticados y porque hay compromisos internacionales suscritos ante los que deberemos rendir informes. Y más que nada, hay que rendir cuentas a la población.

Que no sean solo formalidades las suscripciones a tratados internacionales, porque en ellos se comprometieron los estados a combatir las desigualdades raciales y étnicas y a proteger y garantizar los derechos de las personas de ascendencia africana diaspórica y hoy tenemos las migrantes además.

Por eso son mitos útiles a intereses neocolonialistas y no debería haber aboliciones festejadas porque son demagogias asquerosas ya que el arrinconamiento y el despojo, las condiciones miserables de vida se acrecentaron con una libertad que era abandono. Porque nadie preparó a esas poblaciones para ejercer su ciudadanía en igualdad de oportunidades. Por eso estamos en lo que estamos. Si estuviera todo bien no se necesitarían instrumentos de búsqueda de equidad racial.

E insisto en la educación. Insisto porque no veo masificada la historia afrouruguaya e indígena en nuestras aulas de enseñanza primaria y secundaria y es preocupante. Porque no se nace racista, clasista, machista, xenófobo, ni discriminador. Se aprende por lo que nos rodea y naturaliza los sometimientos, las hegemonías culturales, los sistemas de exclusión.

Así y todo lo que se haga son placebos, no hay reparaciones posibles, y lo peor ni siquiera hay síntomas de arrepentimiento formal de los crímenes de lesa humanidad imprescriptibles que suponen las depredaciones invasionistas culpables de la esclavización de los pueblos indígenas y africanos americanizados a la fuerza.

Dijo Ban Ki-Moon en la ONU cuando se instauró el Decenio Afro: «Espero que, dentro de una década, la situación de los derechos humanos de las personas de ascendencia africana en todo el mundo haya mejorado considerablemente». Gran utopía sin dudas y, como dijo Galeano, la utopía sirve para caminar.

Por eso seguimos andando. ¡Axé!

2 Comentarios

  1. La discriminación racial existe, ha existido y existirá siempre, no existe educación suficiente que elimine ese sentimiento que es recíproco entre todas las comunidades, solo hay que preguntarle a un chino si nos querría como yernos o nueras, o a un esquimal, o a un maorí, o a un negro. Y también se da por lógica a la inversa, discriminar es elegir y pasamos todo el tiempo discriminando con todo lo que nos rodea, ¿porqué hay que excluir a los seres humanos? Solo hay que mantener un respeto recíproco, con eso alcanza.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.