Mujica: «Aprendí mucho más del dolor que de la bonanza»

El Poder de la Palabra, que conduce Fernando Vilar, entrevistó en su chacra al expresidente José Mujica. El programa fue emitido anoche, a las 21 horas, por Tele R.

Foto: Tele R

Mujica habló, en profundidad, sobre su vida, de su infancia en un hogar humilde, su relación con su madre, el estudio, y de sus inicios en la vida política junto a Enrique Erro, dentro del Partido Nacional. Su opción por el MLN y la lucha armada, en un momento especialmente convulsionado en la región y el mundo, la cárcel, su vida parlamentaria y los cinco años como presidente. Y la actualidad, en un retiro activo, tras haber renunciado al Senado, como consecuencia de la pandemia. A continuación, la entrevista completa.

¿Cómo es un día suyo?

Desde que estalló esta pandemia he salido cuatro o cinco veces, una cuando falleció mi compañero Tabaré Vázquez, otra fui a comer con un veterano allá por Maldonado, Enrique Iglesias, un hombre que respeto mucho porque ayudó a todos los gobiernos, y dos veces que me fui a vacunar.

¿Se levanta muy temprano?

Sí, entre las 5:00 y las 6:00 más o menos.

¿Sigue trabajando la tierra?

Un poquito, hacemos lo que podemos.

¿Qué se cosecha en esta época del año?

Hasta hace poco hemos estado juntando boniatos, un poco de semillas de girasol, alfalfa y renegando con unas gallinas.

¿Cómo le gusta hacer los boniatos, en dulce, a las brasas?

Sacamos tantos que hemos exportado cantidad.

¿Qué recuerda de su infancia?

Yo vivía cerca de acá, en Paso de la Arena, pegado a la escuela, una escuela muy vieja.

Era un barrio en que morían las chacras y venían los solares, la época de los trabajadores de gorra de vasco, de fuertes madrugadas, los trabajadores del Frigorífico Nacional, de la carne, en Tomkinson y Simón Martínez, que se llamaba en aquella época, después fue Luis Batlle Berres.

Había ocho o diez jardineras todas las madrugadas, cargadas de alfalfa porque todavía había en Montevideo caballos para repartir y la alfalfa iba de acá, los alfalferos paraban ahí, tomaban un café. Había un señor gordo, mostrador de estaño, todavía está ese café, se mantuvo como reliquia. Me crié en ese barrio donde las vereditas eran de tierra, donde los gurises jugábamos al parcito y a la bolita, había temporadas de trompo y de balero y por supuesto mucho fútbol con pelota de trapo y cuando conseguíamos una de goma…

¿Le gustaba ir a la escuela o iba a regañadientes?

Vivía pegado a la escuela, en 6 años tuve dos faltas o tres. Una cuando murió mi padre. No fallaba nunca en la escuela.

¿Era buen alumno?

Más o menos. Era el tiempo que las maestras nos ponían en vereda y nada de decirle a la vieja porque si no era el doble. Curiosamente, había hasta gurises grandes, de 13,14 años, con un respeto muy fuerte.

¿Y en el liceo?

Iba al viejo Bauzá, mi generación puso la piedra fundamental de lo que fue el nuevo Bauzá.

¿Ya en el liceo se hablaba de política?

Sí. Yo militaba en una agrupación, Reforma Universitaria, medio libertaria que tuvo mucho que ver con algunas reformas estudiantiles que hubo, ya mucho más fuerte en preparatorio.

¿Por qué esa proximidad con el Partido Nacional?

Eso vino después, porque conocí a Erro.

Que era blanco

Que era blanco y mi madre era blanca, una señora de carácter, bastante imperativa.

Por eso no le contaba cuando hacía travesuras en la escuela.

No, era chapada a la antigua. Tuvo que lidiar con una familia, mi padre se fue de la vida cuando yo tenía 8 años, no fue sencillo para ella. Eran tiempos donde el boleto costaba un vintén, y hubo un plebiscito para subirlo, un plebiscito porque se subió un medio.

Dicen que valía lo mismo un boleto que un diario.

Sí, era común, el diario se compraba de mañana y de noche, era el medio de comunicación por excelencia. Tengo en el fondo de mi memoria la noche en que mi padre, yo tendría 6 años, apareció con una radio, una Edison, de madera, cuadrada, de lámpara, en la que escuché el campeonato del mundo del 50.

¿Cómo conoció a Erro?

Mi madre era simpatizante política de una agrupación acaudillada por Arrillaga Safón, que era medio primo lejano de mi padre. En esa agrupación, Erro había sido por primera vez electo diputado, después se va a separar y mi vieja lo acompaña.

Mi vieja atendía un comité en el barrio y yo lo conocí a Erro ahí. Me impresionó porque era políticamente hablando, diría un nombre de mentalidad progresista, un luchador por los derechos sociales de la gente, muy cercano a la gente, con una conducta de fierro, intachable.

Vivía en La Paz, venía en ómnibus. No cuajaba mucho con el estereotipo del político tradicional, a pesar de que en el barrio habíamos tenido uno que yo conocí, Luis Batlle, lo recuerdo bien manejando su auto solo, saliendo de su casa que hizo en Camino de las Tropas, salía con el perro, iba a ver el lugar donde estaban haciendo el estadio de Cerro.

Mi madre me contaba que siendo diputado Luis Batlle vivía frente a la comisaría 23, venía en ómnibus. Son reliquias de un tiempo que se fue. Siempre había un fuerte republicanismo, recuerdo que don Tomás Berreta en su última campaña electoral, antes de ser presidente, vino a una comida en el Paso de la Arena, en una fábrica que había de hacer dulces y mi madre me llevó y lo saludó y eso que era colorado, y mi madre era blanca; había un fuerte republicanismo en el Uruguay hasta Pacheco, ahí entramos en otra etapa.

En esa etapa tranquila, ¿cómo le van ganando las ganas de participar activamente de la vida política del país?

Yo no sabía, pero seguramente que era una inclinación natural porque me gustaba mucho historia y tuve una temporada larga, los libros costaban muy caros para la gente pobre y yo sinceramente pertenecía a una familia muy humilde. En aquel tiempo todo era muy difícil. Mi padre falleció y a los 15 años empezó a cobrar mi madre una pensioncita, porque hacer un trámite era cosa muy seria. A veces para tomar el ómnibus le tenía que pedir un medio al panadero y a la vuelta se lo devolvía. Yo llevaba un paquete que lo entregaba y me daban 2 pesos.

Hay un antes y un después de cuando se vincula al MLN, ¿fue difícil convencerlo?

No. Mi generación perteneció a un país que le llamaban la Suiza de América, hoy sabemos, nuestro per cápita más o menos peleaba con el de Bélgica, con el de Francia de aquella época, eso aconteció hasta la guerra de Corea y después de súbito hicimos así (dirige la mano en una pendiente hacia abajo) no lo podíamos saber, esto es con el diario no del lunes, es con el del recontra lunes.

Los términos de intercambio desmoronaron al país, políticamente repercutió en un cataclismo cómo este. El Partido Colorado que había gobernado 90 años y al pisar el año 50 ganó el gobierno nacional y todas las intendencias, las pintó de colorado, 4 años después perdió todo, le quedó la Intendencia de Artigas y ganó el Partido Nacional, ¿y fue tan malo el Partido Colorado en ese período? No, fueron terribles los términos de intercambio, cada vez vendíamos más barato y comprábamos más caro porque el mundo había cambiado.

Cuando Europa se entra a reponer se cierra, pone una caterva de aranceles, etcétera, estoy hablando de la Europa de la posguerra, de la Europa del plan Marshall y de todas las consecuencias. Pasaba eso porque de un lado estaba la Unión soviética, el «peligro rojo», y por el otro lado estaba el desafío americano, es la época en que en Europa florece el estado de bienestar donde la política fiscal es fuertísima y la inversión social es muy fuerte y hay un brutal proteccionismo hacia afuera.

Yo creo que el imperio inglés, que era el que cortaba el bacalao, no es que nos trabajara gratis, no, pero nos trató con más estabilidad de lo que vino después, lo que vino después cambió abruptamente y aprendí una cosa, cuando uno en la sociedad está relativamente bien y cae sufre más que una sociedad que está mal. Esa crisis que se llevó al Partido Colorado del gobierno acá, es la misma que se llevó a Perón de Argentina, una crisis de precios que afectó y pegó a toda la región.

Naturalmente que las crisis económicas desatan crisis sociales y crisis políticas como consecuencia y en aquella época, dos bloques, tácitamente la política de Estados Unidos para la región se resolvía, cuando a un país no le gustaba, con golpe de Estado, pululaban los golpes de Estado.

Recordemos que Uruguay no tiene un Guantánamo gracias a la lucha del doctor Herrera y su gente, porque si no hubiéramos tenido en Punta del Este, en Rocha, una base militar que la quisieron poner para controlar a la Argentina. Recordemos que el canciller uruguayo Rodríguez Larreta, en la década del 40, canciller de Amézaga, pidió la intervención de la Argentina, la intervención militar a la salida de la guerra y que solamente lo apoyó Guatemala y Estados Unidos, el resto de América le dijeron de todo.

Hay que conocer la historia nacional para entender ciertas cosas. De ese crisol y de esa crisis van a surgir varias cosas y el modelo era el golpe de Estado y en muchos lados se empezó a pensar que el golpe de Estado, como consecuencia de la crisis, era una cosa que iba a venir. Acá se llevaron a los oficiales y los educaban en las escuelas de las Américas, etcétera, y eso pasaba por toda América, lo contemplábamos, tanto es así que cuando recién se construye la central de trabajadores, la CNT, se educaba a los trabajadores que al golpe de Estado se le contestaba con la huelga general, eso que va a pasar muchos años después es una vieja prédica.

Dentro de las organizaciones políticas, diríamos más o menos progresistas, también pululaba la idea «sí pero con una huelga general no se para una maquinaria militar» «hay que tratar de transformar una huelga general en una huelga insurreccional». Para eso había que construir un aparato armado. Muy lindo teóricamente, pero cuando usted se pone a construir un aparato armado clandestinamente es bravo y empieza el camino hasta de «los accidentes»; esa es la historia.

¿Sabe quién fue el adversario más grande que tenía para la fundación de eso? El Bebe Sendic, él quería que fuera una cosa de todas las fuerzas progresistas y decía, si fundamos una cosa enseguida fundamos el anti, pero nuestra historia arranca con un fracaso, somos hijos de un fracaso. Hay una huelga general, una marcha de los cañeros, están un tiempo, quedan pelados, no tienen un mango, van a hacer un asalto, caen a un banco y los van a remitir para Artigas y un grupo de gente de los que estaban preparando eso, que van a dar origen al MLN, deciden rescatarlos en el viaje.

Para hacer eso había que preparar una cosa complicadísima, porque los llevaban en el tren, pero la operación no se pudo hacer porque el que tenía que pasar el dato cuando los llevaron, no lo hizo. Hasta esa época, se tenían dos disciplinas, se era militante de alguna de las fuerzas progresistas o sociales y clandestinamente se estaba preparando un aparato para lo otro, y ahí se llega a la conclusión, no se puede tener dos disciplinas, porque la falla de la información fue por eso.

En medio de todo eso, en la cabeza, en el pensamiento de los jóvenes de la época, ¿dónde quedaba el republicanismo?

Estábamos muy influidos en el campo de las ideas, por la idea de que, desgraciadamente, la democracia liberal es hermosa desde el punto de vista de derecho y es superior, pero desde el punto de vista práctico estaba dominado por los sectores más pudientes de la economía de la sociedad. Nuestra contradicción es el viejo grito jacobino, no alcanza con la igualdad de derecho que es teórica, queremos la igualdad, decían los jacobinos, bajo el techo de la casa donde vivimos, esa contradicción existe hasta hoy.

Cuando hablamos de igualdad, no se trata de igualdad de que ganemos lo mismo, no, se trata de igualdad en el derecho de partida en el inicio de vida que es otra historia, el derecho de oportunidad. Esa discusión nos llevó a la concesión de que si se daba esa circunstancia de vida había que aprovecharla para transformarla en una huelga insurreccional y tratar de ayudar a la creación de un estado popular. Los hombres van tras las ideas como la carreta detrás de los bueyes.

¿Qué decía su mamá?

Mi mamá me dijo; el socialismo es imposible porque el hombre es malo, el hombre es egoísta, el hombre es ruin, ustedes sueñan. Esa era la concepción de la vieja.

¿Algún día lo quiso convencer de que dejara eso?

Sí, pero yo tenía el mismo carácter que ella, se lo agradezco a ella, si no, no hubiese aguantado lo que banqué.

¿Se arrepiente de alguna de esas cosas?

Sí. Nosotros queríamos crear un aparato para servir y cuando quisimos acordar el aparato era más grande que nosotros y era indisimulable y cometimos desde el punto de vista militar el error que se llama de saturación, no se puede tener una organización de 500 contactos clandestinos por día. Teníamos que haber cambiado de estrategia y habernos transformado en un movimiento de masas legal, tal vez.

¿Qué falló ahí, la base o la cabeza?

Falló la cabeza porque tal vez fuimos prisioneros del éxito, al principio había bruto éxito, aquello crecía y crecía.

Ahí ni siquiera pensaba que algún día podía ser presidente de un país.

No, no se me pasaba por la cabeza.

De todas esas vicisitudes, incluso de la cárcel posterior, ¿se rescatan cosas buenas, cosas que a uno le hagan crecer?

Yo aprendí mucho más del dolor que de la bonanza. Conocí a la humanidad con sus claros y sus sombras. Conocí a algunos soldados, pocos, humildes, simples, del pueblo, que eran capaces de compartir una manzana o traer en una noche de Navidad una grapa para tomar, sabiendo que se estaban jugando el pescuezo, y conocí a algunos oficiales que no servían ni para perro, por eso los claroscuros que están mezclados.

Conocí cosas, el Uruguay de todas maneras hay una cultura subliminal que nos ató a nosotros y también a ellos. El Uruguay no fue la Argentina, no fue Centroamérica porque por nuestras tradiciones, la vida humana vale mucho, eso también los ataba a ellos.

Aprendí una cosa, el odio no construye, el odio es ciego, es como el amor que es ciego, pero la diferencia que tiene el amor es que es creador y el odio destruye, destruye para afuera y destruye para adentro. Estuve siete años sin leer un libro, no me dejaban, aislado totalmente y me tuve que defender reculando en mis años jóvenes que había leído mucho, estaba peleando para no volverme loco.

¿Es difícil?

Sí, pero ahí rumié muchas cosas en mi modo de ser.

¿Lloró alguna vez?

Sí, seguramente que sí, de tristeza y de alegría.

¿De alegría?

Me tenían atado con alambre, con las manos atrás, meses en el cuartel de Minas. Cuando estaba cayendo Saigón y lo estaban pasando por televisión o algo de eso, y era tan fuerte que los milicos conversaban, ahí me enteré de que estaba cayendo Saigón, me emocioné enormemente, había perdido la pista de lo que era la guerra de Vietnam.

¿Es verdad que después de todo el proceso hubo una especie de acuerdo entre militares e integrantes del MLN?

No, nunca hubo eso. Lo que hay es que, nosotros por una década y pico viviendo adentro de un cartel entendimos y conocimos la psicología militar, la razón de la sinrazón.

La educación en la formación militar está hecha en la hipótesis del encuentro bélico y para que los hombres funcionen como un cuerpo tienen que estar sometidos a una disciplina automática, el orden cerrado, desde el punto de vista de la naturaleza y de las relaciones humanas es un disparate, sí, pero la humanidad tiene experiencia de guerra milenaria para que cada cual no ande para un lado y eso responda como un cuerpo, hay una formación que desde el punto de vista civil parece disparatado, pero es una exigencia técnica de lo que es la guerra, eso le pasa todos los ejércitos del mundo.

Nosotros entendimos lo que era la psicología militar, cosa que es imposible de entender para la gente que no haya vivido eso, porque parece de locos. Además los propios dichos, las cosas se pueden hacer bien, mal y a lo milico. El término milico no lo uso peyorativamente, estoy usando el lenguaje de ellos mismos.

¿Cuál fue el peor momento de su vida?

La muerte de mi madre.

¿Y el mejor?

Es probable que el encuentro con Lucía después de tantos años.

¿Qué es Lucía para usted?

Es la cara femenina de esta historia. Los hombres somos dependientes, siempre andamos buscando una madre, nos demos cuenta o no, eso funciona. Nosotros somos una pareja que tiene 30 y pico de años y somos dos ancianos, yo particularmente, ella todavía es una piba.

¿Qué dejó en la cabeza de José Mujica el gobierno de 5 años? Con lo que implica ser Presidente de un país, un montón que lo adora, un montón que lo odia, problemas todos los días para resolver.

En primer término, nadie es más que nadie y un presidente es alguien a quien elegimos con tiempo y habría que conservar el sentido republicano de la vida, de que nadie es más que nadie. No estoy de acuerdo con todas las ínfulas que significa la presidencia, crea una distancia inútil con la gente, resabios feudales. No será lo más importante.

Pero es en el mundo así.

Desgraciadamente sí. Después un convencimiento de que el país tiene que luchar por entrar al círculo de los países desarrollados con el desafío que tiene, pero será imposible y no será si no priorizamos el desarrollo del interior porque lo que viene es un cambio fenomenal, no es más de lo mismo, es una cosa distinta.

¿Fenomenal para bien o fenomenal para mal?

Para las dos cosas. Si en los próximos 30 años más de la mitad de la gente joven no tiene calificación terciaria, la quedamos. Hay que hacer un esfuerzo de colocar en la cabeza de los muchachos una fortuna. Saber, conocimiento, educación y formación tecnológica y cultural.

¿Se acuerda cuando en el Parlamento usted repitió educación, educación, educación?

Sí y pude fundar la UTEC, pero no era mi sueño.

¿Es verdad que un presidente no hace todo lo que quiere?

No, la UTEC me salió como premio consuelo y no le echo la culpa a la oposición, fueron contradicciones nuestras. Yo quería que la UTU, los centros regionales fueran el esqueleto de respectivas universidades locales, pegadas a los departamentos a donde estaban y con bastante autonomía.

¿No pudo?

No pude.

La silla del rey de España

Estuvo sentado acá afuera en uno de los sillones el rey de España. ¿Está de acuerdo que haya reyes en los países?

No, pero los pueblos tienen el derecho mínimo de autodeterminarse, una cosa es opinar, otra cosa es meterse. Me doy cuenta que el pueblo inglés se representa con un monarca y ni le cuento el pueblo japonés, es como un reencuentro con su historia, eso tiene cuestión de pacto subjetivo.

Desaparecidos

¿Le duele, le molesta cuando las organizaciones de madres y familiares de detenidos desaparecidos dicen que el gobierno del Frente Amplio no hizo nada por ellos?

Cada cual ve la realidad de donde está.

¿Es cierto aquello que dijo un día de que esta grieta que hay entre militares, exintegrantes del MLN, desaparecidos, torturas, va a desaparecer cuando mueran todos?

No, me equivoqué. Después de lo que vi en España vi que no desapareció, se murieron todos y sigue.

¿Cuál es la solución para eso?

El tiempo, pero mucho tiempo. Pienso que quienes quisimos ayudar a esa grieta, no fuimos ni entendidos ni por un lado ni por el otro. Hemos quedado en una especie de fuego cruzado. Yo fui Presidente de la República, no hay ningún soldado que pueda decir que lo anduve persiguiendo, ningún soldado de este país va a poder decir que yo anduve persiguiéndolo para acordar cuentas. No sirvió de nada.

¿Hay desconfianza ahí, de ellos?

No lo hice por ellos, lo hice por los descendientes de ellos, porque no se le puede trasladar los pleitos de una generación a los que vienen, porque si no la vida no tiene esperanza y yo no le puedo cobrar a los hijos de los torturadores la conducta de sus padres porque si no es imposible, pero sé que en el fondo ni de un lado y del otro, porque también, mis viejos compañeros pueden pensar que uno abdica. Yo no creo en la justicia así en abstracto, tiene que haber algo porque si no nos arrancamos los ojos los unos a los otros, es la ley del Talión, pero desgraciadamente no podemos ser justos por esto o por lo otro, hacemos lo que podemos.

La relación con Zabalza

¿Cómo es su relación con Zabalza?

Distante.

¿Se desmarcó él de sus excompañeros?

Él agarró su rumbo.

¿Alguna vez lo amenazaron?

Cuando vino la democracia y gobernaba Sanguinetti, seguían con la misma persecuta de antes. Recuerdo que una vez vino el Hugo Batalla, yo estaba sentado acá y pasó una camioneta sacando fotos enfrente, como para que lo viera, a mí me daba risa cuando decían si controlaban, después fue pasando.

«No falló la ciencia, falló la alta política»

¿Cómo ve al Uruguay de hoy?

Veo que no tenemos desesperación del mundo que se nos viene encima, corremos riesgo de quedar en el pelotón de los irrelevantes, porque la distancia que tiene el mundo desarrollado no disminuye, va creciendo y cada vez acumulan más conocimiento y son propietarios del conocimiento y nosotros estamos cada vez más distantes y estamos discutiendo un montón de pavadas entre nosotros, pero no vemos el peligro en la noche para nuestros nietos y para nuestros hijos y nos vemos lo otro, el cambio climático.

Estamos en un país agroexportador, tendríamos que estar discutiendo a muerte en lugar de estar discutiendo la pavada que estamos discutiendo de forestación y los cambios y la genética de los animales, tenemos que ir a la raza sintética porque va a venir más calor y esto hay que preverlo. Cuando estuve en Nueva Zelanda, yo era ministro, ya estaban trabajando y nosotros no hemos hecho nada y dicen, amo el campo.

Esto que está pasando en el mundo no es casualidad, hace 30 años que nos dijeron los hombres de ciencia en Kioto, los fenómenos adversos van a ser cada vez más intensos y más comunes, está pasando, y nos dijeron lo que había que hacer y no lo pudo hacer la humanidad, no falló la ciencia, falló la alta política y tenemos que prepararnos para intentar mitigar los costos.

¿Cómo hacemos?, porque la política es lo mejor que tenemos a mano para gobernar, ¿o no?

El hombre es un animal político porque es un animal social.

¿Por qué la política no nos da herramientas?

Siempre el fracaso es de la política. En el mundo hace rato que sabemos, pero la política no puede enfrentar los intereses que hay que enfrentar. Uruguay es un borroncito. ¿Usted cree que lo que pasa en la Amazonia no va a repercutir acá? Cuando fui a Nueva Zelanda, me llevaron a un laboratorio subterráneo, me dijeron que había tres en el mundo, en cada uno había como un macetón grande con una capa plástica y una luz y un control de temperatura, estaban probando las especies que resistían mejores condiciones para lo que ellos calculan va a ser el clima dentro de 40 años.

Dejaron entrar a Vázquez, que era el presidente, y a mí, que era el ministro, nos dijeron, estamos gastando un platal en esto pero tenemos que hacerlo. Yo no pido tanto, pero preparar animales que resistan más el calor, no mil árboles de forestación, no más de 200 por hectárea, porque en un país que es ganadero tiene que saber que el stress calórico es peor que el frío para las vacas, porque son rumiantes y el metabolismo genera calor y los animales comen menos cuando están agobiados por el calor, son cosas elementales para los que conocemos, pero hay que preparar el país. El país tiene 13 o 14 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería y no hacemos un carajo.

Cuando estuvo en el ministerio, ¿pudo hacer lo que quería?

Algo hice.

¿Qué es lo que nos tranca?

Nosotros somos un paisito formidable. ¿Para qué la vas a hacer simple si la podemos complicar?

¿Jugamos a menos?

¿Nos vacunamos, no? Le dieron un papel con el dedo, no, ahora va a haber que hacer una cosa, el pase verde, bueno, ese es el Uruguay.

¿Y cómo cambiar?

Qué sé yo.

Resarcimiento: «Hay que estudiarlo»

¿Le parece bien una idea que tiene el actual ministro de Defensa, de resarcir a las víctimas de la sedición?

Puede ser, hay que estudiarlo.

Dios y su última morada

¿Cómo se ve Mujica dentro de unos años?

La pandemia me echó. Yo amo mucho a la política, pero mucho más amo a la vida. Dentro de unos años mi futuro está ahí, debajo de un secuoya, donde está enterrada Manuela, cuando yo me muera, tienen que enterrarme ahí.

¿Ya lo decidió?

Sí.

¿Quiere que lo entierren ahí?

Sí.

¿En qué cementerio está su mamá?

En el Buceo.

¿Va de vez en cuando o ya no?

Muy poco.

¿Hay vida después de la vida?

No creo, no creo en Dios tampoco, ojo, respeto enormemente la religión porque ayuda al bien morir, eso lo aprendí en una sala en el hospital viendo a la gente, por eso le tengo un gran respeto y muy particularmente respeto, a pesar de todos sus pesares, a la Iglesia Católica, porque me siento parte de América Latina y nosotros tenemos dos cosas en común, la lengua y la tradición de la iglesia católica.

He visto multitudes de gentes por América que son católicas, por eso, políticamente lo respeto mucho. Ahora, no puedo creer, porque si Dios existiera sería algo tan grande que no se puede ocupar de esta miseria, ¿por qué va a tener más valor una hormiga que la vida del hombre?

Hay quienes dicen que quienes creen en Dios son más débiles, porque dejan en manos de Dios muchas cosas, quienes no creen son valientes porque resuelven todo por sí mismos. ¿Se afilia a esa teoría?

Viejas preguntas del hombre, el sentido de la vida. Para mí la vida es maravillosa, admiro la vida. Cuando digo la vida, no me refiero sólo a la vida humana, tengo como un sobrecogimiento casi panteísta por la vida, las plantas, los insectos, me maravilla.

¿Qué está haciendo ahora?

Hacemos una conserva de tomate medio rara, siempre hacemos algo.

¿Cuando dice ‘hacemos’, es José Mujica y Lucía Topolansky?

La verdadera cocinera es Lucía, pero siempre la ayudo.

14 Comentarios

  1. ANARCOSIN Y RAÚL CUAN MEDIOCRES SE SIENTEN? NO ENTIENDEN DE LO QUE UN GRANDE HABLA. SON POBRES SERES IGNORANTES. ME GUSTARÍA DEJARLOS SOLOS EN LA SELVA CON EL,DE SEGURO ANDARÍAN COORRIENDO PARA QUE EL PROTEJA.POBRES POBRES!!

  2. Tiene razón que no estamos haciendo nada para lo que se viene. Pero se equivoca si piensa que dentro de treinta años vamos a seguir comiendo vaca. La carne se cultivará en laboratorio, comeremos proteínas sintéticas. No se podrá comer ni criar vacas de forma extensiva. Quizá como consumo de lujo. Sí, nos tenemos que preparar, pero viste como es… en Uruguay esas cosas no pasan….

  3. El Pepe Mujica. En su «mejor momento, allá por los años 70/80 lo odiaba y admiraba» Cuando fue Presidente me pareció buen carisma y poco manejo de la gestión. Una gran persona .Pasará a la historia sin duda. Lo respeto mucho hoy día porque es honesto.

  4. Anarcosin tinta, cállate cero neuronas quien te conoce, el día que te mueras ni tu gente se va a acordar tuyo y este hombre pasará a la historia y será recordado para bien o para mal.

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