Recorrió EEUU en tren

Owney, el perro viajero

Las medallas que cuelgan sobre el pecho de Owney aún circulan por internet. Es que la historia del perro que durante el siglo XIX viajó 220.000 kilómetros de tierra norteamericana aún sorprende a los internautas.

Owney, el perro viajero, es hoy uno de los símbolos más importantes del Servicio Postal de Estados Unidos. La historia de este animal comenzó hace 120 años en la oficina postal de Albany, Nueva York. 

En esa oficina se distribuían los bolsos del correo ferroviario. Al igual que en la actualidad, los trabajadores catalogan bolsos con sobres y encomiendas. La organización matutina distaba mucho de lo extraordinario hasta que un cachorro apareció en medio de una pila de bolsas del correo ferroviario. 

Este perro, que entre 1888 y 1897 recorrería unos 220.000 kilómetros en territorio norteamericano, era un border terrier deshilachado que se abocó en un principio a descubrir el misterio de las bolsas donde se colocaban las cartas. 

Los trabajadores de la oficina, al encontrarlo durmiendo, decidieron no desentenderse de él. Al principio, Owney creció entre paquetes con sobres y notas. Además encontraría en los trenes un excelente refugio para el frío de Nueva York.

El calor del motor de las locomotoras siempre lo llevaba de un lugar a otro. Se dormía en Nueva York y se despertaba en otra ciudad. Pero no importaba la distancia que se forjara entre Downey y las oficinas del Albany, él siempre encontraba el camino para volver.

Entre las idas y vueltas de Owney, los trabajadores decidieron colocarle un collar y una placa que lo identificara. La afinidad del perro iba más allá de la compañía humana, ya que al crecer encontró una nueva función, además de ser una cálida compañía para los trabajadores.

A Owney le gustaban tanto los sobres que muchos empleados creían que le gustaba su olor. Eso hizo que cada vez que llegaba una correspondencia, él la acompañara a destino. Los carteros se ofuscaban ante la compañía canina, pero esto con el paso del tiempo se convirtió en algo ameno. 

Los trenes en los que viajaba este perro nunca tuvieron un accidente, ni un problema técnico, ni los pasajeros sufrieron algún tipo de robo. Owey se convertiría entre susurros en “el perro de la suerte” y comenzó a ser considerado un amuleto para los funcionarios y pasajeros. 

Owney custodiaba los paquetes que viajaban por el país y solo dejaba que se acercaran los funcionarios de correo de las ciudades. Pasó así del rechazo a tener una agenda muy ocupada. 

El perro coleccionó tantas insignias que se vieron obligados a hacerle un arnés para poder exhibirlas, pero el peso de todas juntas dificultaba el desplazamiento del animal. Se dice que aproximadamente 1.017 insignias y medallas fueron llevadas a la estación de Albany y desde allí distribuidas por distintos museos del país, quedando unas 370 en el Museo Postal Nacional.

Sin embargo, sus aventuras no sólo se confinaron a los trenes ni al territorio de los Estados Unidos, sino que llegaría a subirse en barcos a vapor y, junto al correo internacional, llegaría a conocer Asia y Europa. Siempre siendo enviado de nuevo a su hogar gracias a su medalla que rezaba “Propiedad de la oficina postal de Albany”.

El 27 de julio de 2011 el Servicio Postal de Estados Unidos publicó un sello que homenajea a Owney. También fue honrado localmente en la oficina de correos de Albany.

Más datos:
La muerte de Owney no es clara. Las autoridades de la oficina de correos aseguraron que el perro se volvió agresivo con la edad. El jefe de la estación Albany se desentendió de su responsabilidad. Fue así como en 1897, el perro se subió a un tren y fue ejecutado de un disparo por, supuestamente, atacar a un empleado. 

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