Rebellato

José Luis Rebellato es una lucecita, de esas que titilan en la oscuridad con la fuerza suficiente para guiarte, pero con la suavidad necesaria para que construyas tu propio camino.

En esa ternura rebelde es que colocó a José Luis como referencia para quienes desde la Educación Popular nos convoca la construcción de procesos y proyectos emancipatorios.
Nos hemos propuesto rescatar la memoria de un militante y pensador Uruguayo que bien nos ayudaría mucho hoy a mirar lejos al tiempo que construimos cercanías con nuestro pueblo y sus organizaciones.
Nació en 1946 y se nos fue en 1999, dejando un tendal de ideas, proyectos y esperanzas que aun hoy salimos al rescate.
Esta nota no se trata de una biografía, sino más bien de colocar 2 conceptos que nos parece sustantivo rescatar de esa memoria que nos deja José Luis Rebellato. Ya hemos escrito varias veces sobre José Luis, en particular a partir de la partida de Pilar Ubilla en 2021. Sin embargo, nos parece siempre necesario volver a colocar su lucidez para convocar a otros y otras, a organizaciones sociales, barriales, culturales a volver a beber de la fuente que fue, atravesando sus libros, documentos, charlas, etc.
Con esta nota pretendemos abrir una ventana para seguir profundizando en otras ideas y conceptos de José Luis, que puedan seguir desparramándose por más y más lugares en nuestra sociedad.


La esperanza
Ante una constatación que analiza y diagnostica nuestras sociedades, diciendo que “…las transnacionales, el libre mercado, la democracia capitalista, han sido las causantes de la multiplicidad de muros, sea en el capitalismo central, sea sobre todo en nuestras sociedades periféricas. Muros que separan la prosperidad acumulada de las necesidades postergadas de las masas; muros que separan las decisiones en pocas manos, impidiendo las iniciativas colectivas.” José Luis también levanta la bandera de la esperanza. Una esperanza que se funda en la capacidad de los sujetos populares y que es una apuesta a la organización y lo colectivo. Una esperanza en el sentido que también le da Freire, es decir del verbo “esperanzar” y no del verbo “esperar”. No se trata de una esperanza que se mueve independiente de nuestras apuestas, sino una esperanza que se va construyendo con nuestras acciones, a la vez que vamos transformando nuestras realidades y nos transformamos también nosotros/as.
José Luis nos convoca también a superar la contradicción entre Capital y Vida, comprendiendo que este modo de producción y acumulación, además de dejar en la exclusión permanente a sectores enteros de nuestras sociedades, es un peligro inminente para la vida en el planeta tierra. Porque su base es el extractivismo constante de recursos sin medir impactos y daños ambientales permanentes. Citando a Jose Luis “Vivimos tiempos de crisis, de desafíos, de esperanzas. Vivimos tiempos de encrucijadas históricas. Esto requiere de nosotros lucidez, entrega a una tarea liberadora, adhesión a la utopía mediatizada en proyectos efectivos. Requiere resistencia y propuesta, radicalidad y sentido del límite.” Claramente ante un diagnostico tal, la propuesta es siempre con la gente, construyendo desde los limites, los márgenes y atendiendo a la relación entre saber y poder como relación dialéctica liberadora. De ahí también su convocatoria a construir una globalización de la solidaridad, una internacional de la esperanza como la mencionaba.


La dignidad.
Nos avisa José Luis que ante una hegemonía cultural neoliberal como la que padecemos hoy, nos exige construir una ética de la dignidad. Este paso es fundamental pues, hoy la dignidad aparece como verbo en muchas organizaciones y movimientos. La dignidad es siempre un atributo de los seres humanos, nunca puede ser un atributo de una materialidad. Pensar que algo material es digno, es interpretar la dignidad de otro/as. En este sentido y con la necesidad de seguir expandiendo e interpretando la construcción de dignidad hoy, es que considero relevante compartir lo que nos convoca José Luis al mencionar la dignidad. “Ser dignos es exigir el reconocimiento como sujetos, reencontrarse consigo mismo, confiar en nuestras propias capacidades y potencialidades de vivir y de luchar. La dignidad es un valor fundamental en una ética de la autonomía y de la liberación, sobre todo en un momento histórico donde la victimización y negación de la vida, trastocan todos los valores”
También nos dice Rebellato que la dignidad no es un valor estático, es un valor que se introduce en el movimiento dialectico de la historia.
La dignidad implica también en cada uno/a la humildad de escuchar para aprender y no para responder. En tal caso, lograr abastecer esa multiplicidad diversa de prácticas pre figurativas anticipatorias que intentan desde hoy construir una realidad distinta, con nuevas formas, asumiendo que hoy mismo estamos construyendo el mañana con nuestras acciones. Por lo tanto, la dignidad nos compromete un ejercicio del poder que no es el poder de dominación sino un poder que promueve y visibiliza. Un poder que circula y no se concentra y que a la vez reconoce a quienes están enfrente. La dignidad nos lleva a quitar velos y observar aquello que es invisibilidad o naturalmente excluido por el sistema. Mirarlo para recocerlo y promover el cambio.
En José Luis Rebellato encontramos alguien a quien recurrir para fortalecer y enriquecer nuestras prácticas, nuestras organizaciones de base y sobre todo nuestra esperanza.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.