Sin tiempo para morir. El largo adiós

La despedida de Daniel Craig en el rol de James Bond.

El filme se hizo desear y, luego de postergaciones varias, aterrizó en las pantallas a nivel global. Desde el inicio cabe subrayar que no se trata de un largometraje más sobre la saga Bond sino de la conclusión de un ciclo que tuvo al actor Daniel Craig como imagen referente del agente 007.

El intérprete, que arrancara en el año 2006 con “Casino Royale” marcó una impronta especial a su personaje y, a pesar de la inicial desconfianza de los fanáticos de la franquicia, logró imponerse y continuar una carrera que incluyó títulos como “Quantom of Solace” en 2008, “Operación Skyfall” en 2012 y “Spectre” en 2015 hasta llegar a esta esperada realización de “Sin tiempo para morir”. Un largometraje que se toma su tiempo (alrededor de dos horas y media) para contar una historia sobre complot planetario que amenaza a la humanidad con un virus selectivo en medio de un dilema sentimental que experimenta el comandante Bond ya retirado del servicio y alejado del ruido mundanal en el noroeste de Jamaica.

El conflicto, que ata cabos entre el plan terrorista y el enredo sentimental del espía más conocido del mundo tiene sus larguezas pero, a pesar de todo, logra tener al espectador firme y atento en la butaca hasta los créditos finales. Mucho del mérito lo tiene el director Cary Fukunaga aunque se le podría haber exigido mayor capacidad de síntesis a la hora de la edición.

Quizás tanto dirección como producción querían que Craig, a los cincuenta y tres años, se despidiera por la puerta grande sin escatimar en gastos ni duración del filme. De esta manera, la producción también se pasea por Italia, Noruega, las Islas Feroe y Gran Bretaña a través de un ritmo con acción intensa y espectaculares vistas, como de costumbre, siempre que el espectáculo se refiera al titular que posee licencia para matar.

Y de eso se trata, de una aventura efectista que combina todos los ingredientes de una narración cinematográfica sobre espionaje con buenas dosis de acción, aventura, romance e intriga, además de algunas impactantes sorpresas que no conviene ir adelantando. Vale la pena paladear, entonces, las persecuciones a bordo del modelo Austin Martin V8 Vintage en medio de las calles de la bellísima ciudad italiana de Matera, el encuentro de James Bond con su archienemigo Ernest Stavro Blofed, protagonizado por Chistoph Waltz o las secuencias ambientadas a mar abierto en medio de un naufragio.

Un trabajo profesional de alta gama que disimula el posible estiramiento narrativo y/o algunos temas sueltos que parecen resolverse de manera algo acelerada, sobre todo cuando comienza a vislumbrarse el desenlace. (Quizás esto se deba a los numerosos cambios que fue sufriendo el guión original durante su desarrollo). ¿Será esta despedida la mejor película de Craig sobre Bond? El público tiene la palabra y, posiblemente, el giro final de “No time for die” los deje con la impresión de un círculo cerrado. Ya veremos.

1 Comentario

  1. Me gustó mucho la película. Creo que Craig dio una impronta aggiornada de 007, humana,dura a la vez,un Bond que sufre al ir reencontrándose con su historia y termina siendo «castigado» de la peor manera. No tengo idea cómo podrá seguir la saga.

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