El estado del alma y LA REPÚBLICA

Una auspiciosa expectativa

Opina LA REPÚBLICA que la trágica pandemia global ha exacerbado la percepción en los humanos de sus contradicciones, al mismo tiempo que la dimensión heroica que llega a alcanzar en cada individuo el estado del alma.

El pasado sábado, en un día de coincidencia de eventos partidarios refundacionales, nos hizo aspirar a que dirigentes y militantes de ideologías contrapuestas hayan desbrozado la maleza de la omnipotencia, descubriendo en su interior un territorio más generoso para sembrar humildad.

Podremos caer en repetir conductas y discursos, tonos y poses, pero aunque no sea medible existe la posibilidad de que los uruguayos podamos comprendernos como sobrevivientes azarosos y provisorios de la peripecia de nuestra especie.

Para LA REPÚBLICA es auspiciosa la expectativa de que desde la oscuridad de la incertidumbre vital sepamos cómo germinar anticuerpos para ayudarnos a repensar nuestras actitudes pasadas, presentes y especialmente hacia una nueva normalidad futura de nuestra convivencia política.

En tal sentido el período de transición que inaugura la mayor fuerza electoral del Uruguay le exige una madurez forjada en un dolor colectivo aún en tránsito y con un horizonte no ajeno a nuevos peligros que comparte con un sector político tradicional, el Herrerismo, que el mismo sábado designó a su presidente Lacalle Herrera quien plantó su consigna «Más mañana que ayer», que cultivaba desde 1989 cuando fue electo presidente de la República.

Fue en las vísperas de la salida a recorrer el país en defensa de la LUC. Una ley que es un programa de gobierno al que los uruguayos apoyaron como promesa electoral y decidieron discutir en profundidad al convocarse a la instancia de democracia directa de un referéndum.

«Un punto de inflexión» al decir de Ehrlich en el que tendremos que ejercer lo que en la soledad de la pandemia hayamos aprendido sobre nosotros y los demás para ser mejores y convivir con amplitud, con integralidad, desprendiéndonos de prejuicios hijos de una cultura en retroceso cuestionada por sus víctimas típicamente jóvenes, pobres, mujeres y desempleados, en el Uruguay, en la región y en el mundo.

Entramos en un proceso que va a enfrentar opiniones muy distantes de diversos actores sociales a los que el pueblo no perdonará que abdiquen de liberar a los jóvenes de la carga de mochilas del pasado a nivel institucional, social, ni en su seno familiar, todo lo cual en estas semanas ha sido denunciado por las estadísticas que nos señalan con números nuestra responsabilidad en seguir suicidando el futuro.

Un desafío donde la sensibilidad femenina tiene un rol imprescindible. Aceptado por la fuerza política y subrayado por su decisión para que también participe una mujer en la coordinación de su transición.

Finalmente y en el espíritu de preservar el estado del alma como un recurso esencial para el reencuentro de todo el pueblo uruguayo, para el ejercicio pleno de los DDHH, descartando los prejuicios ideológicos y reconociendo que hoy la integración de toda la ciudadanía al servicio de la sociedad es plena, como lo demostraran durante toda la pandemia organizaciones públicas, privadas y del tercer sector uniéndose en un compromiso con el país que debería ser nuestro mapa de ruta de coincidencias y discrepancias maduras.

Sin astucias del pasado. Con inteligencia de futuro.

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