“Vidas encajonadas”. Reensamblajes conceptuales de Claudio Rama

Por una cabeza, todas las locuras

La vida es luchar por un logro, por ganar, por la difícil, por una cabeza, por la esperanza de alcanzar sueños imposibles. De amores o de apuestas de caballos. De todo lo que no depende de nosotros, y que se noes meta en nuestra piel como objetivos. Es la vida en riesgo en el desafío de alcanzar realizar los pequeños y grandes sueños y de luchar por ellos. En ese estado del alma, en esa búsqueda desenfrenado de esperanza, en esa locura de vivir, perdemos la cabeza. Nos realizamos en ese desenfreno. 

El amor y el juego compiten como caminos para llegar a esos premios o éxitos. Es la seguridad de realizarnos en nuestras pasiones por las cuales peleamos y hasta matamos o morimos. Son oportunidades para perder la cabeza, más allá de posibles nuevos placeres y nuevas vidas. Que la sangre y lo irracional fluyan, es el deseo de la apuesta. No importa el riesgo, incluso no importa la posibilidad del éxito, es la utopía del esfuerzo que tensa nuestras fibras. Aunque sepamos que es un engaño o apenas una pasión de un minuto. Incluso aunque sea una ilusión, será el minuto de la esperanza ante la oportunidad de otra vida, del logro imposible. La lucha con su riesgo es una esperanza y una posibilidad, y el éxito se ha vuelto nuestro desvelo humano y madre de las batallas reales de nuestras vidas. 

Es el motor que impulsa muchos de nuestros actos más osados, nuestros metejones, nuestras locas apuestas a ser sobre humanos, al logro de ser humanos, de alcanzar las historias que recordaremos en el momento del morir y que definieron nuestras vidas. 

Esas luchas y sueños, esos logros y peleas, esos sueños y esfuerzos imposibles, son los espacios de esperanza donde nos sentimos humanos, donde luchamos y competimos con otros con todas nuestras pasiones y esperanzas, donde ponemos nuestra existencia misma encima de la mesa y tensamos nuestras energías y pensamientos en la búsqueda de esos grandes y pequeños logros y éxitos que dan sentido a nuestras vidas. Son las peleas y esperanzas que recordamos, son los momentos en los cuales no sentimos más humanos, aunque seamos manipulados por otros, aunque no dependan de nosotros los resultados, o incluso que nos sabemos estar siendo manipulados y engañados. No importa. Es nuestra utópica felicidad de alcanzar nuestros sueños, pero más aún de sentirnos más humanos en la esperanza de lograr esos logros imposibles. 

Letra de Alfredo Lepera (1900-1935): Por una cabeza

Por una cabeza, de un noble potrillo / Que justo en la raya, afloja al llegar/ Y que al regresar, parece decir / No olvides, hermano / Vos sabes, no hay que jugar / Por una cabeza, metejón de un día / De aquella coqueta y risueña mujer / Que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo / Quema en una hoguera / Todo mi querer / Por una cabeza, todas las locuras / Su boca que besa / Borra la tristeza / Calma la amargura / Por una cabeza / Si ella me olvida / Qué importa perderme / Mil veces la vida / Para qué vivir / Cuántos desengaños, por una cabeza / Yo juré mil veces no vuelvo a insistir / Pero si un mirar me hiere al pasar / Su boca de fuego / Otra vez quiero besar / Basta de carreras, se acabó la timba / Un final reñido ya no vuelvo a ver / Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo / Yo me juego entero / Qué le voy a hacer / / Por una cabeza, todas las locuras / Su boca que besa / Borra la tristeza / Calma la amargura / Por una cabeza / Si ella me olvida / Qué importa perderme / Mil veces la vida / Para qué vivir

Carlos Gardel canto esta canción cuya letra es de Alfredo Le Pera. Ambos murieron juntos en un accidente en avión en Medellín (1935) regresando del sueño del triunfo en Nueva York. 

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