Mis Archivos del Exilio No. 50

Centenario de China Zorrilla

Cuando me encontré en Buenos Aires con mis viejos, en el 73, creíamos que el exilio, empezaba para todos. Pocos días después, me venía a montevideo para participar de la marcha del 9 de julio por 18. Pero ese día, ni lo pensábamos. Nos habíamos encontrado. El brindis del re encuentro de los tres, fue ir as ver a China. Estaba actuando, creo no equivocarme, en “Querido Mentiroso” con Villanueva Cosse, padre de nuestra Intendenta capitalina.

Terminada la obra, fuimos a su camarín. Si China siempre fue muy expresiva, cuando nos vio, se conmovió de una manera que casi me arranca lágrimas. Rápidamente, como todo lo suyo, nos dijo “vengan que me encuentro con unos uruguayos que andan por acá”. 

Fuimos al departamento de Alvaro Carbone, un periodista que, tres años después iba a ser muy solidario, cuando se llevan a Toba y Zelmar. Habían varios uruguayos. Un matrimonio que, por entonces no conocíamos: el Dr. Elías Bluth y su esposa. Con los años fue Secretario de la Presidencia del Dr. Sanguinetti. Cuando publicamos nuestro último libro (tan premiado en Brasil) con Luis Vignolo, le pedimos a él que redactara sus recuerdos de esa noche.

Los otros eran nada más ni nada menos que “Los Olimareños” y Ducho Sfeir. (Con el tiempo, en este pequeño mundo Ducho fue tía de mis hijos). ¡Qué manera de distraer al dolor que teníamos adentro! Ducho cantó tangos y los Olima lo suyo. Muchos años después, se iban a cruzar en Londres con mis viejos de donde nació una amistad muy linda.

Así pues, la primer noche del exilio la pasamos con China.

La amistad venía de muchos años atrás. Papá por un lado y mamá por el suyo eran amigos de China en sus años mozos. Luego que se ennoviaron (se conocieron militando por la República Española durante la Guerra Civil), siguieron la amistad con China y nunca se interrumpió.

Por tora parte, a fines del 70, mi hermana ya casada y me hermano viviendo en el interior, me mudo junto a mis padres a Pocitos. Avenida Brasil 3136, casi la Rambla. Todavía está el edificio, entonces a estrenar, con sus largos ventanales octogonales. Casi al mismo tiempo La familia Amorim Zorilla -ella, Inés Zorrilla, hermana de China.

Como pasa con tanta gente querida, la vida hace lo suyo y hace años que no los veo.l Pero éramos como… como primos. Ellos en el 1º nosotros en el 7º piso. El Lobo, Inesita, Laila, Juan Luis, Pasula… El ascensor hacia varias veces al día, el recorrida ida y vuelta del 1º al 7º , del 7º al 1º. Otra veta más de amistad con la familia de China afianzó aún más la relación con ella. Mamá y papá eran ya muy amigos de Gumita, también hermana de China. 

No hubo obra de China, en Buenos Aires a las que los viejos no fueran hasta que el largo brazo del Plan Cóndor se llevó la vida de Zelmar y Toba y debimos alejarnos de Buenos Aires. Pero una década después, yo estaba allí para el triunfo de Alfonsín que marcaba el finde la dictadura y los viejos para su Asunción Presidencial. 

Aquellos meses, preparando el regreso a Uruguay, nos re encontraron con China nuevamente. Si es que más allá de las distancias físicas y geográficas en algún momento no fue parte intensa de la vida y sus recuerdos. Fuimos con mis padres a la función del regreso, en el teatro del Notariado, en diciembre del 84, si mal no recuerdo, con “Emily” de William Luce. Papá había sido liberado muy poco antes. 

Todos estos gratos recuerdos, reviven con una fuerza impresionante, durante mi desempeño como Embajador de Uruguay en Buenos Aires. Podremos discutir con los argentinos donde nació Gardel Pero a China no la disputamos, la compartimos.

Era la “madrina” de la Embajada. Ella sentía un gran orgullo por el hecho de que su padre fuera el autor de la estatua de Artigas que hay en la Plaza Uruguay. (hoy, hay a su lado un busto de Wilson). Solía contar un diálogo con un taximetrista. Comenzó ella:

– Ese monumento lo hizo mi padre…

– Si, José Luis, que era escultor… no había un Artigas en Buenos Aires. (respondió el chofer)

– ¿Y usted cómo sabe todo eso?

– Porque el mes pasado me lo contó cuatro veces.

No importa si es cierto. Le encantaba el cuento. “Si non e vero ben trovato

Un poco por eso, otro poco porque la invitación año a año era hecha con insistencia, no faltó un solo 25 de agosto a la fecha patria. Primero a la plaza donde estaba el Artigas de Zorrilla, luego al brindis en la Embajada. Quizás Artigas desde el bronce veía algo de su sueño federal. Como puede ver en la foto yo había introducido un cambio protocolar, muy emblemático: desfilaban juntos Granaderos de San Martín y Blandengues de Artigas. 

China acompaño toda la actividad de la Embajada los años que allí estuve. Y estuvo cuando el gobierno argentino me despidió, luego me condecoró, ella estaba a mi lado. Me queda la sensación que hasta que descoló el avión del regreso, China me sostenía el brazo.

Y estaría cumpliendo cien años. Y las conmemoraciones nos la han traído cerca nuevamente. Hace unos días, estuvimos en la subasta de cosas que le pertenecieron. Desde libros, (Una edición de 10 ejemplares de Tabaré de Don Juan Zorrilla), obras de arte. Las alhajas hablan mucho de China. Sencillas como era ella. También hubo una muestra en el museo Zorrilla.

Como la recordamos acá, la recuerdan en Argentina. La semana pasada cumplió 37 años la extraordinaria película “Esperando la Carroza”. Un elenco binacional: desde nuestro compatriota Juan Manuel Tenuta a Brandoni, Gasalla. Algunos muy jóvenes empezaban su carrera como Grandinetti. Actores y actrices consagrados y otros daban sus primeros pasos. Andrea Tenuta, Enrique Pinti (recientemente fallecido),, Mónica Villa, Betiana Blum… Impresionante. 

Por el eco que tuvo el aniversario en Argentina, me enteré de cosas muy interesantes. Por ejemplo, la existencia de los “Carroceros”. Cientos de hermanos y hermanas argentinos y argentinas fans de la película que se han organizado para recordarla. La casa donde se filmó, en la calle Versalles, ha sido declarada de Patrimonio, y ya se está recibiendo visitas, de otros fans.

Puedo decir que conozco muy poca gente que no haya visto la película. Ahora, entre los que la vieron, no conozco a nadie que la haya visto una sola vez. Yo ya perdí la cuenta… Pero hay “carroceros” que no dejan pasar una semana sin volverla a ver. Aveces cuando uno ve una película que fue un suceso en su estreno, el bis tiene sabor a déjà vu . ¡Cuántas veces vemos películas recordando la impresión que nos dieron años atrás! y … ya no. 

Esperando la Carroza no envejece. Ha incorporado al lenguaje popular expresiones como “yo hago puchero, ella hace puchero, yo hago ravioles, ella hace ravioles…” o las tres empanadas con que quisieron alimentar a Brandoni.

Esa es la China que recuerdo, que recordamos hoy. Me alegro que se celebre su nacimiento, y ojalá nunca la fecha en que nos dejó. Sería una contradicción conmemorar la muerte de China. Ella era vida, siempre vida. Ella viva, e intensa. También intensamente viva. Por eso, como Esperando la Carroza, el recuerdo suyo, el recuerdo de China Zorrilla no envejece. Porque no puede. 

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